The Royal Opera
Mozart MITRIDATE, RE DI PONTO
Jennifer Davis, Salome Jicia, VladaBorovko, Bejun Mehta, Rupert Charlesworth, Michael Spyres, Lucy Crowe. Dirección: Christophe Rousset Dirección de escena: Graham Vick. The Royal Opera House, Covent Garden. 7 de Julio de 2017.
 
 Dos detalles de la producción de Mitridate en Londres © Royal Opera House 
 
Quizás hayan sido los doce años de ausencia lo que haya hecho crecer el cariño por este montaje, porque la producción de Graham Vick que data de 1991 se ha convertido en todo un hito estético. Los movimientos al estilo balinés, la vestimenta de diferentes épocas y procedencias en colores fuertes –resaltando el oro para los romanos– con reminiscencias japonesas, chinas, hindúes y barrocas y una escenografía de paneles simples y colores básicos –azul puro, rojo– debida a Paul Brown conforman una obra maestra de la escena. Esta reposición fue algo así como una orgía operística en la que reinó la creatividad y donde no se añoraron divos ni divas. Vick usa la música de las arias, y hay muchas, para indicar el estado anímico de los personajes con gestos estilizados, destacando la excepcional creación de Ismene de Lucy Crowe que ya en 1991 introducía la danza oriental por primera vez en el género. En este ambiente de colores primarios, la narración toma un lugar preponderante, y aunque la obra dura tres horas y 45 minutos, los tres actos son de proporción perfecta, manteniendo la tensión dramática.
Para llevar esta obra a buen puerto se necesita un elenco homogéneo, joven y con estilo, y en Londres lo hubo. Salome Jicia fue un Sifare leal, enamorado, cantando con pasión y una voz magnífica y Vlada Borovkoera, la también leal y obediente Aspasia en conflicto entre el deber de casarse con Mitridate o con Sifare, a quien ama y quien cantó las arias estratosféricas con voz espectacular. Bejun Mehta fue el villano Farnace que se redime, cantado también con gran expresividad y voz preciosa. Michael Spyres descolló como Mitridate, con una presencia escénica impresionante y una voz que usaba todos los recursos a su disposición (incluso notas de cabeza) para cantar un rol endiablado, tanto como lo es el personaje en sí mismo. Pero fue la inteligente Ismene de Lucy Crowe la que se llevó los laureles en una velada de altísimo nivel vocal. Crowe no solo cantó las notas agudas, sino también encarnó el rol de forma única: cada gesto estuvo coreografiado, cada mirada tenía un significado, cada movimiento demostraba emoción... Al final, Mozart regalaba el único número de conjunto de la obra, muy bien interpretado.
Christophe Rousset dirigió la orquesta de la casa como si susw músicos estuvieran acostumbrados a interpretar música barroca, sonando casi a Händel con esas preciosas arias da capo. Todo ello provocó el deleite del público, porque las arias se suceden adquiriendo la dimensión de escenas. Una noche de superlativos sin fin.  * Eduardo BENARROCH