Festival de Aix-en-Provence
Boesmans PINOCCHIO
Estreno Absoluto
Stéphane Degout, Vincent Le Texier, Chloé Briot, Yann Beuron, Julie Boulianne, Marie-Eve Munger. Dirección: Emilio Pomarico. Dirección de escena: Joël Pommerat. Grand Théâtre de Provence, 7 de julio de 2017.
 
Boesmans estrenó Pinocchio en Aix-en-Provence © Festival de Aix-en-Provence / Patrick Berger
 
Continuando el camino iniciado por Gerard Mortier, Bertrand Foccroulle ha sido un firme impulsor de la carrera operística de Philippe Boesmans, primero desde La Monnaie de Bruselas y ahora desde Aix-en-Provence, el festival que dirige y que encargó Pinocchio al compositor belga. Esta es la segunda colaboración de Boesmans con Joël Pommerat, quien en 2008 firmó una adaptación de la célebre historia de Carlo Collodi, base del libreto del mismo dramaturgo y director francés. Rehuyendo cualquier tentación disneyana, Pommerat ofrece una lectura oscura del relato, subrayando los aspectos más críticos de la trayectoria del muñeco de madera que quiere ser un niño normal, por ello, traicionar la moral subyacente del relato: la verdad y la aplicación al estudio como elementos básicos de un auténtico ser humano. La puesta en escena de Pommerat –con decorados e iluminación de Éric Soyer y vestuario, maquillaje y pelucas de Isabelle Deffin– mantiene la tónica negra del texto, con una simplicidad extrema de recursos que no excluye soluciones sugestivas como el láser que recrea el mar. Pese a todo, un teatro de dimensiones más reducidas quizá hubiera incrementado el impacto de la pieza.
La ópera está concebida para todos los públicos –numerosos niños asistieron a la función reseñada–, pero si bien es dudoso que el montaje encaje en esta concepción, la música de Boesmans es de una gran accesibilidad, que no facilidad. El compositor belga bebe de referentes múltiples, desde el barroco a la canción melódica, pasando por el neoclasicismo de Stravinsky –que sustituye el peso que Debussy tenía en su ópera anterior, Au monde– o jocosas marchas infantiles. Una música de gran libertad y fluidez, que compensa la excesiva fragmentación en escenas y exquisito refinamiento tímbrico, defendida de forma ejemplar por el Klangforum Wien bajo la dirección de Emilio Pomarico, al cual hay que añadir las improvisaciones en escena del saxofonista Fabrizio Cassol –colaborador habitual de Boesmans–, el acordeonista Philippe Thuriot y el violinista Tcha Limberger.
Stéphane Degout asumió con impresionante presencia vocal y dramática diversos papeles, en especial el director de la troupe que ejerce de narrador de la historia, un ejercicio de versatilidad también asumida sin problemas por Yann Beuron y Vincent Le Texier (emocionante como padre de la criatura). Chloé Briot fue un Pinocchio más adolescente con ansias vitales que niño travieso, servido por una voz cálida y expresiva, mientras que Marie-Eve Munger fue una Hada de transparentes agilidades y brillantes ascensiones al sobreagudo. Pinocchio es un nuevo jalón en la brillante carrera operística de Philippe Boesmans.  * Xavier CESTER