Teatro La Fenice
Bellini La Sonnambula
Roberto Scandiuzzi, Julie Mellor, Irina Dubrovskaya, Shalva Mukeria, Silvia Frigato, William Corrò, Eugenio Masino. Dirección: Fabrizio Maria Carminati. Dirección de escena: Bepi Morassi. 6 de julio de 2017.
 
Bepi Morassi llevó la trama de La sonnambula a una estación de esquí © Teatro La Fenice / Michele Crosera 
 
El Teatro La Fenice vivió una jornada esplendorosa con esta representación de La Sonnambula. Con un elenco de primer orden y puesta en escena de Bepi Morassi, la obra de Bellini cautivó tanto en lo teatral como en lo musical. Irina Dubrovskaya triunfó como Amina, resolviendo pasmosamente los numerosos escollos de la partitura, equilibrada a lo largo y ancho de su registro, y grandiosa en los agudos. Shalva Mukeria fue un Elvino impecable en lo musical, aportando a su personaje una cuidada expresión aunque un poco falto de teatralidad. Los dúos que protagonizó con Amina fueron resueltos con exquisita delicadeza expresiva y flexibilidad en la línea de fraseo, virtudes que compartió con su compañera de reparto y que aportaron mayor credibilidad escénica a su papel.
Roberto Scandiuzzi (Conde Rodolfo) fue uno de los grandes triunfadores de la jornada: su dicción impecable, la belleza de su timbre, sus grandes dosis de teatralidad, la seguridad mostrada sobre las tablas, la embriagadora expresión de su arco de fraseo y su arrolladora presencia escénica fueron causa directa del éxito del conjunto, erigiéndose como uno de los protagonistas absolutos de la velada. Silvia Frigato (Lisa) lució sus virtudes en la zona aguda, aunque en ciertos momentos la tensión restó naturalidad a su fraseo. La Teresa de Julie Mellor convenció por su expresividad musical, así como William Corrò en el rol de Alessio, que reprodujo con esmerada espontaneidad.
La extraordinaria labor del coro de La Fenice aportó dinamización a la historia, ofreciendo momentos de gran impacto emocional y visual, y contrastando los variados matices de la partitura con sorprendente eficacia dramática. La orquesta dosificó magistralmente las dinámicas, diferenciándose claramente las jerarquías sonoras y llevando a buen puerto el desarrollo de la trama.
Morassi contextualizó la acción en los años treinta del siglo pasado y en una estación de esquí, inspirándose en las comedias cinematográficas del período de entreguerras. Su regia logró un acercamiento más teatral al libreto, con momentos de gran belleza plástica y aportando comicidad a las escenas que lo requerían. La llegada del Conde en el teleférico fue de lo más ocurrente y aplaudido por un público que disfrutó de lo lindo. Contribuyeron al efectismo de la escena el vestuario de Carlos Tieppo y el juego de luces de Vilmo Furian, en concordancia con la evolución psicológica de los personajes y el desarrollo de la trama.  * Verónica MAYNÉS