Teatro alla Scala
Puccini LA BOHÈME
Ailyn Pérez, Fabio Sartori, Federica Lombardi, Simone Piazzola, Carlo Colombara, Mattia Olivieri. Dirección: Evelino Pidò. Dirección escénica: Franco Zeffirelli. 5 de julio de 2017.
 
Dos detalles del montaje de La bohème de Franco Zeffirelli © Teatro alla Scala / Brescia e Amisano 
 
Piensen lo que piensen algunos snobs de la lírica, para quienes La bohème firmada por Franco Zeffirelli en 1963 y fielmente repuesta por Marco Gandini es aburrida y está ya superada, esta sigue siendo y será para siempre La bohème de referencia. Cuando algún defensor a ultranza del teatro di regia decida, incautamente, enviar la buhardilla pucciniana a la de las cosas que fueron y ya no son, tendrá que vérselas con los partidarios irreductibles de la tradición y de que las acciones dramáticas tengan lugar en la época y en los lugares previstos por los autores sin las ahora ya habituales desviaciones psico-sociales ajenas a la trama.
Dado ya por descontado el éxito de esta siempre fresca Bohème, hay que hacer referencia a los exquisitos resultados musicales –y vocales en particular– en ella obtenidos. Por la orquesta en primer lugar, que puede ejecutar esta partitura a ojos cerrados y que obtuvo una belleza de sonido y una armonía difícilmente igualables. Evelino Pidò, director de prolongada carrera, llevó a buen puerto una música que quizá en algún momento pudo ser más incisiva pero que con esos tiempos espaciados logró extraer el máximo partido de la poética pucciniana.
Gran éxito también para los dos protagonistas, con especial mención del tenor Fabio Sartori, que en cuanto abre la boca conquista con su acento viril y rico de armónicos, que se expandió por una sala cuya acústica no es perfecta como si se la hubiese amplificado. Sorprende la ductilidad del instrumento y la solidez de la técnica, que le permitió recoger el sonido en piani y pianissimi de positiva sugestión.
Muy positiva también la aportación de Ailyn Pérez, que volvía a La Scala en el papel de Mimì para confirmar su indiscutible calidad, tanto en el aspecto vocal, también apoyado en una perfecta técnica, como en el interpretativo, al trazar el perfil de la dulce y apasionada fioraia. Era la Mimì ideal y sobran los demás adjetivos.
No desmereció el resto del reparto, con el jovial y bien cantado Marcello de Simone Piazzola, el sólido y maduro Colline de Carlo Colombara y el válido Schaunard del joven barítono Mattia Olivieri, en una actuación muy destacada. Se integró bien en el conjunto la Musetta de Federica Lombardi, muy presente tanto en la vertiente vocal como en la escénica. Muy buena la participación de los comprimarios, con el ya asentado Benoît del barítono Davide Pelissero, el patético Alcindoro del bajo Luciano di Pasquale, con el lujo del Parpignol de Francesco Castoro, un solista de la Academia de Perfecionamento del Teatro alla Scala, y de los eficientes Gustavo Castillo (barítono), Rocco Cavalluzzi (bajo), respectivamente Sargento y Aduanero, y de Jeremy Schutz, vendedor de ciruelas de Tours.  
Muy bien el coro, siempre obediente a la guía de Bruno Casoni, y el de niños, en el que destacó un sonoro solista para la frase “Vo’ la tromba e il cavallin”.  * Andrea MERLI