Festival de Spoleto
Mozart DON GIOVANNI
Dimitris Tiliakos, Andrea Concetti, Lucia Cesaroni, Davinia Rodríguez, Brian Michael Moore, Arianna Vendittelli, Danil Giulianini, Antonio Di Matteo. Dirección: James Conlon. Dirección de escena: Giorgio Ferrara. Teatro Nuovo, 2 de julio de 2017.
 
Dos detalles de la producción de Don Giovanni en Spoleto © Festival de Spoleto / Maria Laura Antonelli
 
Con este Don Giovanni el Festival de Spoleto inauguraba su sexagésima temporada y daba fin a la trilogía Mozart-Da Ponte iniciada en 2015. La dirección escénica de Giorgio Ferrara fue prudente y respetuosa, sin soluciones arbitrarias y en consecuencia sin errores, pero al mismo tiempo anónima y pobre de inventiva. Las pocas ideas que hubo resultaron en definitiva superfluas. Don Giovanni, por poner un ejemplo, mata al Comendador con un disparo de pistola, y un hombrecillo ataviado con ropas del siglo XIX, al que podría identificarse como Soren Kierkegaard –ya que varias frases del filósofo danés sobre Don Giovanni habían aparecido proyectadas sobre el telón durante la obertura–, cruza repetidamente la escena. No es esta, evidentemente, la forma en que se recoge el rico significado de una de las mayores obras maestras del teatro de todos los tiempos. Ferrara, en realidad, se limitó a narrar los hechos. La escenografía neoclásica era de Dante Ferretti y Francesca Lo Schiavo y el elegante vestuario llevaba la firma de Maurizio Galante. Un marco atractivo pero vacío de contenido.
De poca consistencia también la dirección musical de James Conlon, que prometía al principio con una obertura vigorosa y violenta aunque con un tempo más lento de lo habitual que parecía sugerir la sombra amenazadora de una fuerza metafísica. Pero el ritmo continuó siendo lento durante toda la ópera, impidiendo que el discurso adquiriera vida. Daba la impresión de que Conlon, aun con una prestigiosa carrera como director de ópera en su haber, sea sobre todo un director sinfónico. La orquesta, en efecto, no dialogó nunca con los cantantes cuando en Mozart voces e instrumentos deben ser siempre cómplices, y baste para ello pensar en el aria del catálogo.
Quizá ello podría explicar por qué Andrea Concetti, que con otra dirección y otra puesta en escena había sido un excelente Leporello, pareció aquí solo una sombra de sí mismo. Quizá podría concederse el mismo atenuante al protagonista, Dimitris Tiliakos, que hay que suponer que por algún motivo ha pisado los más importantes escenarios del mundo pero que aquí se limitó a cantar correctamente, pero con la misma motivación del que, viéndose obligado a seguir una dieta rigurosa, lee el menú de un restaurante, con más fastidio que verdadero interés. Antonio Di Matteo impuso su potente voz como Comendador. Lo demás, jóvenes en su mayoría, cantaron discretamente pero apenas apuraron el boceto de sus respectivos personajes. Fueron Lucia Cesaroni (Anna), Davinia Rodríguez (Elvira), Arianna Vendittelli (Zerlina) y Daniel Giulianini (Masetto). Brian Michael Moore, en cambio, presentó un perfil inmaduro como Ottavio.
Es probable que los ensayos hubieran sido insuficientes, porque aunque la batuta de Conlon pudo asegurar un buen nivel de precisión se tuvo la impresión de que se asistía más a una primera lectura que a una interpretación ya asentada. Los aplausos, sin embargo, no fueron regateados al final.  * Mauro MARIANI