Puccini TURANDOT
France Dariz, Davinia Rodríguez, Rudy Park, Alessandro Spina, Andrea Porta, Gregory Bonfatti, Marcello Nardis. Dirección: Pier Giorgio Morandi. Dirección de escena: Stefano Ricci. 29 de julio de 2017.
 
 
France Dariz encarnó a Turandot en la peculiar propuesta de Stefano Ricci © Arena Sferisterio / Alfredo Tabocchini 
 
Público y crítica quedaron divididos en dos partes contrapuestas en relación con la puesta en escena de Stefano Ricci basada en un proyecto creativo de Gianni Forte y del propio Ricci, directores de un grupo teatral de vanguardia que hacían con esta regia su primera propuesta operística. Un fenómeno curioso fue que tanto partidarios como contrarios a la misma se refirieron a ella de modo distinto. Quizá fuese esto precisamente lo que los creadores habían querido y la propuesta fue en este sentido interesante. Su idea es la de que en toda fábula existen significados que afectan a lo más profundo de la psiquis y en esta en particular que la obra ilustra el paso a la edad adulta de una muchacha atemorizada, a la que atrae y al mismo tiempo repugna la idea del amor, de los hombres y del sexo.
 
La acción se sitúa no ya en una China de tarjeta postal, sino en la mente de la protagonista y por ello en escena todo aparece helado –¡aparece incluso un oso polar!– en correspondencia al apelativo de “Princesa de hielo” que le atribuye el propio texto de la obra. También es creación de su mente la presencia de tres mimos omnipresentes, que al principio aparecen vestidos como policías de un régimen dictatorial cualquiera que mantienen controlado al pueblo, despreciado por la princesa, y que comparecerán desnudos en la escena de los enigmas, en la que Turandot les abrazará y acariciará, mostrando el deseo sexual que trata de reprimir en sí misma. En el final de dicha escena Turandot aparecerá manchada de sangre, como símbolo de la pérdida de su virginidad. Son algunas de las ideas artificiales que se incluyen en el espectáculo, que quizá puedan ser desconcertantes o molestas pero que consiguen transmitir al espectador el misterio de una fábula en la que se entremezclan el amor, el odio, la crueldad, el temor, el sexo y la muerte. Sorprendentemente el público de esta temporada estival, ciertamente poco habituado a los experimentos intelectualísticos, parece haber apreciado el resultado en mayor medida de lo que lo ha hecho la crítica. 
 
No hay mucho que relatar en la vertiente musical. La dirección musical de Pier Giorgio Morandi solicitó de la orquesta una sonoridad robusta pero sustancialmente desprovista de color. France Dariz, que sustituía a una indispuesta Iréne Theorin –que sufrió un serio accidente durante los ensayos fracturándose un pómulo–, ofreció una voz suficientemente poderosa pero también dúctil y constituyó una agradable sorpresa como Turandot, mientras Rudy Park acusaba algún esfuerzo como su Calaf. Muy interesante la interpretación de la ascendente soprano española Davinia Rodríguez, que defendió su Liù con carácter y una voz más densa de lo habitual, haciendo del personaje una mujer mucho más enérgica y decidida de lo acostumbrado en otras producciones. Convincente Alessandro Spina comoTimur y mejor aún el terceto de ministros integrado por Andrea Porta, Gregory Bonfatti y Marcello Nardis, respectivamente Ping, Pong y Pang.  * Mauro MARIANI