Festival de Glyndebourne
Mozart LA CLEMENZA DI TITO
Gioia Crepaldi, Anna Stèphany, Richard Croft, Michèle Losier, Joélle Harvey, Clive Bayley. Dirección: Robin Ticciati. Dirección de escena: Claus Guth. 29 de Julio de 2017.
 
Richard Croft dio vida a Tito en Glyndebourne © Festival de Glyndebourne / Monika Rittershaus 
 
Es posible que el relativo olvido que ha sufrido esta obra mozartiana sea debido a un comentario de María Luisa de España, quien la calificó como una “porcheria tedesca”. Aunque el verdadero Tito no fue tan magnánimo como el de la ópera, su actitud llena de humanidad podría bien ser adoptada hoy por la mayoría de los gobernantes del mundo. La clemenza es una opera seria, pero también hay humor. En un momento lúcido hacia el final de la ópera, Tito pregunta “¿Y cuántos traidores más hay?”. Y los perdona a todos. Entre medio hay celos, intrigas de toda clase y traición, pero el protagonista permanece constante y razonable. “Non tormento un vasto impero!”
Esta es una obra compleja, con música de primera clase; es un Mozart maduro, que conjura los más dramáticos concertanti, como “Vengo, aspettate…” que inicia la desolada Vitella, que ha enviado a Sesto a asesinar a Tito, hasta que se da cuenta de que Tito la ha elegido a ella como emperatriz.  Vitellia es un rol espectacular: es una mujer carcomida por deseos de venganza, celos y ambición por el poder, pero también tiene su corazoncito, como todos los papeles en esta obra exquisita.
 
Si solo hubiera habido un director de escena que tuviera el mismo respeto a la obra que los personajes se tienen unos a los otros, esta hubiera sido una velada para el recuerdo.  Pero Claus Guth tenía otras ideas, convirtiendo esta obra magistral en un vehículo para sus propias obsesiones, que –debe decirse– a nadie interesan. Christian Schmidt diseñó la escenografía más fea vista en este teatro y la acción fue siempre oscura e incongruente. Una pena, porque los cantantes eran buenos.
 
Gioia Crepaldi llegó en el último momento para cantar una Vitellia segura, con voz de buen estilo, sin usar el pecho para el abundante registro grave; Mozart compuso la parte para una soprano y no para una mezzo que era la cuerda de la cantante que primero se anunciaba. Anna Stèphany fue un Sesto inseguro, dudoso de sus acciones e infatuado con Vitellia; cantó con un registro bello, de manera deliciosa, y actuó con credibilidad, pese a las tonterías impuestas por Guth. Richard Croft encarnó a un Tito pleno de humanidad, con una voz que revelaba un seguro registro mozartiano. Joèlle Harvey era la frágil y honesta Servilia y Michèle Losier, el leal Annio. Por qué Guth piensa que Publio –excelente Clive Bayley debe tomar el poder de Tito momentáneamente no se puede adivinar.
Robin Ticciati elevó la calidad del espectáculo con una dirección llena de vigor, fraseo inteligente e instrumentistas magníficos, al frente de la siempre exquisita Orchestra of the Age of Enlightment. María Luisa tenía razón, pero la “porchería tedesca” se debíó a Guth.  * Gerhard OTTINGER