Arena Sferisterio
Puccini MADAMA BUTTERFLY
Maria José Siri, Manuela Custer, Antonello Palombi, Alberto Mastromarino, Nicola Pamio, Andrea Porta. Dirección: Massimo Zanetti. Dirección de escena: Nicola Berloffa. 28 de julio de 2017.
 
María José Siri y Antonello Palombi fueron Cio-cio-san y Pinkerton en Macerata © Arena Sferisterio 
 
En el trasfondo de Madama Butterfly subyace la diferencia y la incomprensión entre dos civilizaciones muy distintas y alejadas entre sí y Puccini lo muestra claramente, aun sin haber podido imaginar que cuarenta años más tarde estallaría una guerra, con la bomba atómica sobre Nagasaki –precisamente la ciudad en que vive Cio-Cio-San– y se produciría la ocupación estadounidense del Japón. Ya han sido varios los registas que han ambientado la trama en un momento posterior a la guerra –el primero fue Ken Russell en el ya lejano 1983, en Spoleto– en un Japón conquistado no solo militarmente sino también culturalmente por los Estados Unidos, y ese camino ha sido también seguido por Nicola Berloffa.
 
La idea podría ser válida para resaltar la imposibilidad del amor entre la delicada japonesa y el rudo oficial americano, pero en su realización se apreciaron graves incoherencias con la música. Basten algunos ejemplos para ilustrarlo. En el primer acto, ambientado por el director de escena en un 1945 en un teatro convertido en burdel por los vencedores, una delicada música de clara impronta oriental describe el ceremonioso comportamiento de los japoneses mientras en escena solo se ven americanos borrachos y ruidosos. Peor aún resultó la llegada de la protagonista y sus amigas, cuyas voces se van oyendo a medida que se acercan, en un efecto querido por Puccini que aquí quedaba completamente desvirtuado, al mantener a las geishas inmóviles en ese momento y expuestas como mercancías ofrecidas a los marinos americanos.
Por suerte Massimo Zanetti aderezó la situación en todo lo que pudo, al recoger y realizar perfectamente todos aquellos detalles preciosos que la regia hizo que se perdieran, obteniendo una excelente prestación de la Orchestra Filarmonica Marchigiana.
 
Volvía a interpretar el papel protagonista después de la inauguración de la temporada de La Scala en el pasado mes de diciembre María José Siri. Se trata de un rol que podría convenir perfectamente a sus características pero del que no parece haber desentrañado aún todos los matices, quizá en este caso porque una interpretación al aire libre no puede ofrecer las mejores condiciones acústicas. Su encarnación fue muy dramática, pero en cierta manera recordaba más a Tosca que a Cio-Cio San. Antonello Palombi, tras toda una serie de incursiones en un repertorio dramático que incluía Otello, volvió a interpretar un papel lírico con su voz firme y sana, y si su interpretación de Pinkerton podía parecer un tanto superficial, el personaje en sí mismo justificaría este enfoque. Alberto Mastromarino acertó en su perfil del cónsul Sharpless, cuyos buenos sentimientos no acaban de reflejarse en su comportamiento. Bueno en su conjunto el nivel del comprimariado, en el que destacó la prestación de Manuela Custer como Suzuki.  * Mauro MARIANI