The Royal Opera – Covent Garden
Verdi OTELLO
Gregory Kunde, Zeljko Lucic, Dorothea Röschmann, Kai Rüütel, Thomas Barnard, Frédéric Antoun. Dirección: Antonio Pappano. Dirección de escena: Keith Warner. 12 de julio de 2017.
 
 
Gregory Kunde y Dorothea Röschmann, Otello y Desdemona en Londres © Royal Opera House – Covent Garden 
 
El segundo reparto de Otello que presentó la Royal Opera satisfizo mucho más que el reparto de estrellas de la première por su interpretación y entrega. En el marco de una producción francamente mediocre, los cantantes supieron moverse con convicción. Gregory Kunde no es un nombre nuevo en el mundo de la lírica internacional, pero sí un cantante a quien se le puede confiar un rol de esta naturaleza: su mera presencia escénica confería autoridad durante la pelea del primer acto y su canto poseía el peso y color vocal requerido, sabiendo frasear y contener la emoción durante el final a voce suffocata. Su voz no es bella pero sí expresiva y se ajusta a la tradición vocal en este rol. Zeljko Lucic cantó un Jago menos exagerado que su predecesor; su voz es también más redonda y con mejor línea de canto, como dejó patente especialmente en el dúo con Kunde, “Si pel ciel!”. Por su parte Dorothea Röschmann tuvo una presencia escénica menos convencional; su Desdémona poseía más energía y si bien el canto no eclipsaba a su predecesora, tenía calidad y mucha fuerza dramática. Su interpretación del “Ave Maria” fue más rápida que de costumbre y también tremendamente conmovedora.
 
Lamentablemente la producción de Keith Warner es de una pobreza extrema y demuestra ignorancia supina ante la obra. ¿Cómo es posible que no haya leído las cartas de Verdi, en las que el compositor rechaza cualquier idea de hacer aparecer a Jago durante el dúo de amor del primer acto? ¿Y cómo es posible que tampoco sepa que el mismo Boito no deseaba que Jago fuese capturado al final del primer acto? Sin contar con una adecuada Personenregie el montaje cayó en la rutina y en la ridiculez, concentrando la atención en lo peor: la aparición de Otello sobre una plataforma oculta que lo elevaba desde el centro de la multitud, que parecía más adecuado para Lohengrin, y el barco que aparece por detrás que recordaba al Buque Fantasma. Las figuras del León de Venecia, en blanco reluciente y haciendo juego con las vestimentas de los enviados venecianos, provocaron la risa del público. Solo la orquesta llevó un buen nivel, con el siempre dedicado y eficiente Antonio Pappano, quien brindó una lectura llena de vigor interno y drama.  * Eduardo BENARROCH