Festival Castell de Peralada
Desmarest DIDON (Selecciones)
Purcell DIDO & AENEAS
Cantantes y orquesta de la Academia Barroca Europea de Ambronay. Dirección musical y concepto escénico: Paul Agnew. Església del Carme, Peralada, 15 de julio de 2017.
 
Paul Agnew dirigiró a los jóvenes de la Academia Barroca Europea de Ambronay © Festival Castell de Peralada / Jordi Mestre 
 
Los amores trágicos de Dido y Eneas han generado múltiples adaptaciones operísticas, siendo una de las más célebres la que firmara Purcell. El hecho que la primera representación documentada de esta concisa maravilla se realizara en una escuela femenina –aunque diversos musicólogos creen que el origen de la pieza era un espectáculo de corte– favorece que Dido and Aeneas sea apta para jóvenes intérpretes, como los que reúne cada año el Festival de Ambronay en su Academia Barroca Europea.
La edición del 2017 ha contado con la sabia guía de Paul Agnew, tenor habituado al repertorio barroco pero cada vez más dedicado a la dirección. Como prólogo a la obra de Purcell, Agnew programó en este programa del Festival Castell de Peralada extractos de la Didon de Henry Desmarest, estrenada pocos años después que la pieza del británico y una elección lógica no solo por la temática, también porque la tragedia lírica francesa es una de las influencias perceptibles en Purcell.
 
Las nueve voces seleccionadas por Ambronay, más allá de las esperables desigualdades propias en estas producciones con jóvenes talentos, se caracterizaron por una perfecta homogeneidad en los pasajes corales y una apreciable versatilidad a la hora de afrontar las diversas exigencias de las prosodias francesa e inglesa. Pese a que el programa de mano no precisaba quién cantaba qué, se pueden identificar algunas voces destacables, como la de Deborah Cachet, Didon de gran nobleza en Desmarest y pimpante Belinda en Purcell, mientras que la reina de Cartago en la ópera inglesa era una Kerstin Dietl de fraseo algo más tímido que no fue obstáculo a una emotiva muerte. Su Aeneas fue un firme Jean-Christophe Lanièce, mientras que Aurora Peña encarnó con voz suculenta diversos papeles y el contratenor Alberto Miguélez-Rouco fue una Sorceress que no necesitó caer en la caricatura vocal para transpirar malignidad.
 
Si en los fragmentos de Desmarest Paul Agnew ejerció de típico director musical, en la ópera de Purcell se sentó en la primera fila para contemplar –y en ocasiones hacer leves indicaciones– a sus intérpretes, tanto vocales como instrumentales, ya que la orquesta también participó con entusiasmo en la tan simple como efectiva puesta en escena del propio director. El cuadro plástico final, una auténtica pietà alrededor de la desdichada Dido, fue el colofón de una espléndida velada.  * Xavier CESTER