Festival de Bayreuth
Wagner  Los maestros cantores
Michael Volle, Günther Groissböck, Johannes Martin Kränzle, Klaus Florian Vogt,
Anne Schwanewilms. Dirección: Philippe Jordan. Dirección de escena: Barrie Kosky. 25 de julio de 2017.
 
Pie de foto: El director de escena Barrie Kosky dio varias vueltas de tuerca a Los maestros cantores en la nueva producción de la obra estrenada en el Festival de Bayreuth © Festival de Bayreuth / Enrico Nawrath 
 
Sin polémicas extramusicales distrayendo de lo que sucedía en escena, Bayreuth inauguró su edición de 2017 con una brillante nueva producción de Los maestros cantores a cargo de Barrie Kosky, el primer director de escena judío en la historia del festival, quien admitió antes del estreno su reticencia ante la temática de una obra que, como la ciudad que le da nombre, se convirtió en un emblema para el régimen nazi. La clave de acceso para el responsable de la Komische Oper de Berlín fue la propia figura de Wagner. Con consumada habilidad teatral, Kosky enlaza la identificación del compositor con los personajes de sus óperas y su pasión por la representación de sus dramas con la cara más siniestra de su antisemitismo. El espléndido decorado de Rebecca Ringst sitúa el primer acto en Wahnfried, donde Wagner azuza a su esposa Cosima, a su suegro Franz Liszt y a Hermann Levi, el director judío que estrenaría Parsifal, a recrear la historia de los maestros cantores. Wagner se desdoblará no solo en Hans Sachs, también en el joven Walther y en el propio David; Cosima, por supuesto, será Eva, la musa deseada, y Levi, Beckmesser, la encarnación del judío señalado por todos por su diferencia.
Si el primer acto se cierra con el salón de Wahnfried retrocediendo hacia el fondo del escenario para dejar lugar a la sala de los juicios de Nuremberg contra los gerifaltes nazis, el segundo acaba, tras el linchamiento de Beckmesser, con una cabeza hinchable gigante con los rasgos de un judío tal como lo caracterizaba la más deleznable de la propaganda antisemita. La sala del juicio, repleta de personajes con vestimentas renacentistas, será donde Sachs/Wagner haga su alegato final de defensa. El juicio quedaba visto para sentencia.
Para un montaje que combina con acierto la comedia más chispeante con las tenebrosas corrientes subterráneas que la recorren, Kosky necesitaba dos bestias de escena como Michael Volle, Sachs de desbordante elocuencia que saboreaba con fruición cada frase, y Johannes Martin Kränzle, Beckmesser que no necesitaba caer en la caricatura para retratar la fragilidad del personaje. Pese algún agudo laborioso, Walther sigue siendo un papel ideal para la vocalidad tan singular de Klaus Florian Vogt, mientras que Daniel Behle fue un David de timbre fresco y canto comunicativo; Günther Groissböck, un expansivo Pogner liderando un conjuntado grupo de maestros; Wiebke Lehmkuhl, una ajustada Magdalene, y Georg Zeppenfeld, un Sereno de auténtico lujo. La relativa decepción vino de la mano de Anne Schwanewilms, Eva de voz opaca y fraseo gélido.
La dirección cálida y transparente de Philippe Jordan se alió a la perfección con los propósitos de Barrie Kosky, incluso en unos silencios inusualmente dilatados, controlando, en el proceso, los elementos más farragosos de la partitura de Wagner. Pese a pequeños desajustes puntuales, el coro, como la orquesta, rindió al nivel habitual, es decir, excelente.  * Xavier CESTER