Teatro Real
Verdi MACBETH
Plácido Domingo, Anna Pirozzi, Ildebrando D’Arcangelo, Brian Jagde, Raquel Lojendio, Airam Hernández, Fernando Radó, David Sánchez. Dirección: James Conlon. V. Semiescenificada, 11 de julio de 2017.
 
 Pie de foto: Macbeth se ofreció en versión semiescenificada en Madrid © Teatro Real / Javier del Real
 
El Macbeth de Verdi volvió a subir al escenario del Teatro Real en una versión semiescenificada que en un primer momento, al empezar la representación, pareció encaminarse a lo peor, una suerte de función de fin de curso. La cosa cambió, sin embargo, y con la orquesta en el foso, el coro permanentemente presente en el escenario, como un protagonista más, una iluminación muy teatral y unos intérpretes dispuestos a actuar desde el primer momento –incluido el niño que dio vida al hijo de Banquo–, lo que iba para concierto –en el mejor de los casos– se convirtió en una representación fascinante, viva e inmediata como pocas veces.
 
De Plácido Domingo, que llegaba con esta a las 3.900 funciones en un escenario, es imposible no volver a maravillarse ante el caudal intacto de voz, su expresividad, su ductilidad y también su increíble presencia teatral. Cada vez que el tenor madrileño sale a escena, se tiene la impresión de estar ante la oportunidad de profundizar en una personalidad inagotable a través de los personajes a los que da vida como la primera vez, sin rastro de rutina. Se reservó un poco, como es natural, hasta el “Pietà, rispetto, honore” final. La muerte del personaje fue de una nobleza extraordinaria.
 
Anna Pirozzi cantó el papel más difícil del repertorio con ganas y una voz ancha, luminosa, limpia, fabulosamente proyectada; habrá quien eche en falta algo de desgarro y mayor expresividad, pero sería injusto ante tanta generosidad demostrada. Ildebrando D’Arcangelo lució como Banquo una voz preciosa, aterciopelada, muy rica, que brindó al personaje toda su humanidad. Brian Jagde en Macduff –papel, en tiempos, de Plácido Domingo– vaciló en algún momento, pero se sobrepuso con una excelente “Ah, la paterna mano”. Particularmente bien estuvieron Raquel Lojendio y Airam Hernández, con voces de primera categoría.
 
Crucial fue la dirección de James Conlon, nerviosa, contrastada, dinámica, de un dramatismo y una tensión interna de las dejan sin aliento y una profundidad que saca a la luz la tragedia humana que se desarrolla en el escenario. La Orquesta Titular respondió admirablemente, precisa, sin titubeos, luciendo matices y virtuosismo en metales y cuerdas, tan exigidas. Lo mismo hizo el Coro, que además de dar una lección de canto –Macbeth se le da particularmente bien– lo hizo actuando, y divirtiéndose al hacerlo, en particular las brujas. Un final de temporada inolvidable, del que todo el mundo salió feliz.  * José María MARCO