Termas de Caracalla
Bizet CARMEN
Veronica Simeoni, Rosa Feola, Roberto Aronica, Fabrizio Beggi, Gianfranco Montresor, Alessio Verna, Pietro Picone. Dirección: Jesús López Cobos. Dirección de escena: Valentin Carrasco. 28 de junio de 2017.
 
Valentina Carrasco ambientó Carmen entre la frontera de México y EE. UU. © Teatro dell’Opera / Yasuko Kageyama 
 
La argentina Valentina Carrasco, que desde hace años colabora con La Fura dels Baus y en la actualidad trabaja de manera autónoma, ambientó su Carmen en el muro construido entre México y Estados Unidos, junto al que se aglomeraron los que quieren desesperadamente cruzar la frontera. No fue una elección caprichosa, pues también los gitanos y los contrabandistas de la época de Bizet vivían al margen de la sociedad, pero Carrasco se contradijo al no renunciar al pintoresquismo, que en una ambientación moderna como esta suena tan falso como el folclorismo agitanado de las antiguas puestas en escena. Es una gran idea, en cambio, ambientar el último acto en la tradicional fiesta mexicana de los muertos, con un gran efecto dramático y espectacular al hacer que se intuya la presencia de la muerte en la fiesta popular que precede al desenlace final, a cuyo dramatismo contribuyeron los dos intérpretes principales con su entrega teatral.
La decisión de elegir la muerte antes que perder su libertad revela el verdadero carácter de Carmen, que en la versión de Veronica Simeoni no radica en la sensualidad sino en su personalidad fuerte e independiente. La mezzosoprano romana subrayó en su interpretación esta versión del personaje, al paso que Roberto Aronica no resultaba un Don José totalmente convincente al carecer de la sutileza del estilo francés, lo que se puso especialmente de manifiesto en “La fleur que tu m’avais jetée”, en la que los agudos a media voz se vieron afectados por un molesto vibrato. En la fuerza y en la pasión del último acto, sin embargo, se encontró en su terreno de elección y trazó con un impresionante realismo el carácter débil y enfermizo y el equivocado concepto del amor como posesión del personaje, que le lleva inexorablemente a matar a Carmen.
Excelente Rosa Feola, que con una línea perfectamente cincelada supo evitar el riesgo de ofrecer una Micaëla excesivamente edulcorada. El joven Fabrizio Beggi tuvo que sustituir inopinadamente a un colega indispuesto y ello puede explicar que se le notara un poco tenso en su aria de salida, aunque acabó siendo un brillante Escamillo. Correctos todos los personajes menores.
La dirección de Jesús López Cobos fue calibrada y brillante: el director español, Premio ÓPERA ACTUAL 2016, tuvo siempre presente que Carmen, aunque gitana, es parisina y en consecuencia ha de expresar su sensualidad no con colores chillones y ritmos frenéticos sino con la ligereza en las cuerdas y la tímbrica matizada de las maderas. Con estas premisas es ocioso decir que el respeto al estilo de la obra fue absoluto. Si se quiere, una dirección incluso demasiado refinada para la dispersiva acústica de las Termas de Caracalla.  * Mauro MARIANI