Teatro Comunale
Donizetti LUCIA DI LAMMERMOOR
Irina Lungu, Stefan Pop, Markus Werba, Alessandro Luciano, Elena Traversi, Gianluca Floris, Evgeni Stavinsky. Dirección: Michele Mariotti. Dirección de escena: Lorenzo Mariani. 18 de junio de 2017.
 
Dos instantes de la representación de Lucia di Lammermoor en Bolonia © Teatro Comunale 
 
El nuevo montaje escénico de Lucia di Lammermoor presentado por el Teatro Comunale de Bolonia en coproducción con el Carlo Felice de Génova, la ABAO y el Teatro Nacional Eslovaco, fue confiado para la regia a Lorenzo Mariani, con escenografía de Maurizio Balò, vestuario firmado por Silvia Aymonino y diseño de luces de Linus Fellbom, con proyecciones en vídeo a cargo de Fabio Massimo Iaquone y Luca Attiti. La propuesta planteaba la enésima trasposición temporal del título donizettiano. Explicar la Lucia como lo hizo Cammarano y Scott antes que él es hoy en día ya algo utópico, y el público debe resignarse a ello. La acción transcurre por el camino de la rutina y en consecuencia la provocación resulta inútil aun con las gracias del regista, que más que horrorizar lo que hacen es provocar la risa. Enrico, por poner un ejemplo, se calza durante la cabaletta unos guantes de matarife y degüella a un alce de gran cornamenta, hazaña de la que después se jacta abiertamente ante el atónito coro. Después de ello, trata de violar a su hermana al final del dúo del segundo acto y esta se suicida al final ahorcándose, quedando colgada en escena durante todo el largo cantable del tenor.
Mejor fueron las cosas en el apartado musical. Empezando por los intérpretes de compromiso menor, hay que dejar constancia del sólido Normanno de Gianluca Floris, del adecuado y noble Arturo de Alessandro Luciano y de la Alisa de Elena Traversi. Una feliz sorpresa fue la deparada por el bajo Evgeni Stavinsky con un bien cantado Raimondo Bidebent, y gustó mucho el Enrico Ashton de Markus Werba, un Papageno de referencia que aquí tuvo la suficiente sensibilidad como para no forzar u oscurecer artificialmente el timbre. Stefan Pop (Edgardo) confirmó su idoneidad para el lirismo donizettiano con un timbre solar, precisión en el agudo y el correcto uso del legato y las medias voces. Canto e interpretación impecables fueron los brindados por Irina Lungu, completísima en un canto de agilidad que hizo enloquecer al público.
En su debut con la partitura donizettiana Michele Mariotti mostró ímpetu admirable e infalible sentido del teatro en una dirección muy apreciada por el público. Bien la orquesta, con mención especial para la flauta de Denis Mariotti, a quien se premió con su salida al escenario al final, y el coro preparado por Andrea Faidutti* Andrea MERLI