Teatro Arriaga
Britten WAR REQUIEM
Natalia Tomasii, Rolf Romei, Thomas E. Bauer. Dirección: Erik Nielsen. Dirección de escena: Calixto Bieito. 22 de junio de 2017.
 
Calixto Bieito se encargó de la puesta en escena del War Requiem de Britten en Bilbao © Teatro Arriaga
 
Parecería, si no una provocación, sí al menos políticamente incorrecto presentar un solemne réquiem –una misa de muertos– en medio de un mar de andamiajes. Pero en este montaje resultó lo contrario: la situación se trasladaba as plena reconstrucción de la catedral de Coventry, con la presencia de unos soldados desesperados y ensangrentados y el visible desamparo de los niños. La fuerza transmitida por el movimiento de los miembros del coro y por una iluminación excelente dieron un valor especial a la oscura y a veces dura, despiadada, música del compositor inglés. Todos los citados elementos ayudaron al espectador a entender mejor lo que supuso el trágico bombardeo de aquella ciudad inglesa y, en suma, la tragedia de la guerra.
Fue una genial idea teatral que dio vida verdadera a los poemas de Wilfred Owen –poeta muerto en la terrible guerra– que tenor y barítono (soldados) entremezclan con el texto latino del réquiem. Excelente la dirección escénica y de actores de Calixto Bieito y espléndida la escenografía que firmó Susanne Gschwender, que configuró inteligentemente espacios diversos para el coro, para la semioculta orquesta de cámara que acompaña a la soprano y el coro de niños a cargo del réquiem litúrgico, para soldados y figurantes que actúan en los andamiajes o en una extensión de la corbata que invadía el patio de butacas, manteniendo a la gran orquesta en su foso. Puede decirse que al final el espectáculo resultó ser una memorable sesión teatral, difícilmente olvidable.
Aún con eso, el interés y la grandeza de la función radicaron sobre todo en que en todo momento la música y los intérpretes estuvieron a un nivel verdaderamente sobresaliente: magníficos el tenor Rolf Romei y el barítono Thomas E. Bauer, dueños de soberbias voces, técnica infalible y acertada línea de canto. Ambos hicieron brillar la difícil música de los poemas de guerra de Owen. Magnífica la jovencísima soprano Natalia Tomasii, una delicia de voz, dicción y estilo.
La Sociedad Coral de Bilbao tuvo un día de gloria, y magnífico resultó su coro de niños. En los mismos términos se puede hablar de la Sinfónica de Bilbao en su doble misión, bien diferenciada, de orquesta de cámara en el escenario, acompañando el canto litúrgico, y de gran orquesta, soporte de toda la obra, en el foso. Al frente de este grandísimo éxito musical estuvo la mano maestra de Erik Nielsen, que dirigió con cuidado fraseo, pulso, ritmo y color una sesión que en el estreno del montaje provocó una salva de aplausos, potentes y sostenidos, como raramente se han escuchado en estas latitudes, pidiendo repetidas salidas de todo el elenco.  * José Miguel BALZOLA