Amics de s’Òpera de Maó
Donizetti LUCIA DI LAMMERMOOR
Elena Mosuc, Celso Albelo, Vladimir Stoyanov, Simón Orfila, Jon Plazaola, Maria Camps, Josep Fadó. Dirección: Miguel Pérez-Sierra. Dirección de escena: Stefano Mazzonis di Pralafera. Teatre Principal, 2 de junio de 2017.
 
Elena Mosuc y Celso Albelo protagonizaron Lucia di Lammermoor en Maó © Amics de s’Òpera de Maó
 
En Maó (Menorca), los Amics de s’Òpera ponen en escena un título cada temporada, pero a fe que lo hacen muy bien. Quedaba claro en el cartellone: un gran título del bel canto – quizá el más grande– y un gran reparto para servirlo. Elena Mosuc, Lucia de éxito en el Liceu la temporada pasada, volvió a demostrar su maestría en el género: la voz es dúctil en todo el registro; su línea, elegante y sin aristas de principio a fin; un fiato envidiable y, además, posee una paleta de matices que, unida a una voz con cuerpo, le permite una interpretación intensamente dramática. Se diría que todos los términos italianos inventados para la voz de soprano van con ella y ni qué decir tiene que el público se identificó con la soprano en la escena de la locura.
Celso Albelo fue un Edgardo ideal para tal Lucia; ambos intérpretes comparten algunas características, como la de poseer una voz con buenos armónicos, lo que es perfecto para la zona media, pero si además no se adelgaza la voz en el agudo el efecto es el ideal. El tenor canario estuvo perfecto en toda su intervención y si hubiera que reclamarle algo sería una mayor entrega escénica (pero en ópera, con una voz como la suya, no hay que pedir más).
Vladimir Stoyanov (Enrico) es un barítono muy consistente, de voz clara y que brindó mucho juego a sus compañeros en escena. La presencia de Simón Orfila fue simplemente un lujo: su instrumento es redondo, muy dramático, y su prestación escénica perfecta.
Para que una función alcance este nivel de excelencia se requiere que las partes pequeñas también se tomen en serio y es lo que ocurrió con Maria Camps, Jon Plazaola y Josep Fadó; un gran bravo para cada uno de ellos. El coro de la casa puso todo su empeño y consiguió estar a la altura. Miguel Pérez-Sierra condujo a una aplicada Simfònica de Balears con gran destreza y momentos brillantes –el popular sexteto fue un modelo de elegancia– a pesar de algún que otro acelerón sorpresivo.
Totalmente tradicional la producción procedente de la Ópera Real de Valonia firmada por Stefano Mazzonis di Pralafera, que basa sus efectos en un estupendo vestuario, una iluminación muy acorde a las brumas románticas escocesas y un buen movimiento escénico. La propuesta es tan tradicional que hasta algún crujido al girar la torre que preside toda la escena sonó a teatro de toda la vida y el efecto reconcilia con toda la parafernalia contemporánea de sentido tantas veces absurdo. Una gran felicitación por una representación de primerísimo nivel.  * Pere BUJOSA