Festival de Teatro Lírico Español
Guillermo Martínez MAHARAJÁ
Estreno Absoluto
Beatriz Díaz, David Menéndez, María José Suárez, Francisco Sánchez, Juan Noval-Moro, Martina Bueno, Antón Caamaño, Roca Suárez, Carlos Mesa, Fernando Marrot. Dirección: Marzio Conti. Dirección de escena: Maxi Rodríguez. Teatro Campoamor, 15 y 17 de junio de 2017.
 
Dos imágenes del estreno absoluto de Maharajá en Oviedo © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso Suárez
 
Maharajá es un festín de colores en música, tal y como propone su compositor, Guillermo Martínez, en esta nueva zarzuela concebida en tándem con el dramaturgo Maxi Rodríguez. Esta nueva obra celebró el 125º aniversario del Teatro Campoamor y no defraudó en el cierre del XXIV Festival de Teatro Lírico Español. El viaje a la India de Vanisha –la Vane, del barrio ovetense de Vallobín– desencadena una trama de argumento reducido en la que su indio enamorado, Mishka, es un magnate del acero que por amor pondrá a salvo la siderurgia asturiana, en la que además trabaja Velino, el anterior novio de Vanesa. El viaje a Jaipur es la brújula para orientar las vidas de los personajes. Se trata de una comedia lírica que los autores adscriben al género chico, si bien la cantidad de escenas cantables, que se imponen a las partes habladas, y la duración de la obra, hacen dudar de esta clasificación. Maharajá presenta hasta 20 números musicales en diez escenas, en un solo acto de unos 100 minutos.
Mishka intenta retener a Vanisha en Jaipur, pero “la cosa está muy mala para quedáse”. Los amantes se despiden en un dúo de amplio lirismo, “No sueltes mi mano”, algo forzado al inicio de la obra por la extensión del texto en un fraseo irregular. Esto se observa en otros números, como “Welcome to Asturias”: el nuevo himno del Principado; un coro oda a la vida retirada desde “el paseo del colesterol”, próximo al barrio de La Corredoría. La obra está salpicada de referencias locales con mucho humor y, por lo mismo, cabría plantearse si Maharajá puede disfrutarse igual fuera de Asturias... Abunda la crítica social, con los efectos de la crisis económica y Asturias como “prejubilandia”, según cantan Celes y Concha, los padres de Vanesa, en la piel de Antón Caamaño y Martina Bueno, ella muy resuelta en lo vocal. 
El texto esparce chispas de humor también en escenas líricas de especial belleza, como el aria “¿Calidad de vida?”, de aire italiano, en la que Beatriz Díaz mostró, cautivadora, su voz generosa, sosteniendo el tema de Vanesa, que, sin soltar su maleta, siente el peso de sus dudas existenciales. Pero es el coro “Manifa” el punto de inflexión para asentarse en la obra, con la Capilla Polifónica, hilarante, en un remix de protestas ante la bajada de salarios y pensiones. Otra mezcla muy efectiva fue el cuarteto “Dónde vas con blusón y pasmina” al ritmo de habanera. 
Maharajá muestra el eclecticismo creativo de Guillermo Martínez, con una síntesis de influencias que despliega en escenas de gran riqueza musical, elaboradas y bien definidas, en un ejercicio de flexibilidad compositiva, hasta ahora inédito en su obra. Hay páginas de inspiración popular con gran inventiva y brillantez, hasta reescribe la música del himno “Tengo de subir al árbol” en el aria de Mishka, con un David Menéndez espléndido vocalmente. La riqueza melódica y la instrumentación preciosista de Maharajá son dos claves de una partitura que roza límites en el plano armónico. Así lo defendió Oviedo Filarmonía con Marzio Conti en la dirección musical, con una cuerda multicolor y vientos muy efectivos. Martínez no escatimó en recursos, incluso al más puro estilo Bollywood, en una de las escenas de conjunto en las que Roca Suárez, como Amador, se convirtió en un imprescindible –también para resolver la trama–, y en las que más brilló la dirección de escena de Maxi Rodríguez.  
También muy valorada fue el aria “Niebla” que cantó María José Suárez, impecable, cálida, a pesar de no ser del todo adecuada a su registro, como se vio también en la parte de barítono, un tanto grave para Menéndez. Hay que destacar la actuación de Francisco Sánchez como Orlando: un actor que conectó plenamente con el público, con una voz potente para una actuación estable mientras defendía la fabada frente al pollo al curry, en esa dualidad que recreó de manera elegante y colorista la escenógrafa Carmen Castañón y Azucena Rico con su vestuario. El elenco lució brillante en la segunda función, también el tenor Juan Noval-Moro, como en el concertante de Velino “Nubes negras”, para alentar a la acción a sus compañeros de la fábrica, con gran impulso vocal. El amor es el sentido del viaje con retorno de Maharajá.  * Diana DÍAZ