Opéra Théâtre de Metz Métropole
Offenbach LES CONTES D’HOFFMANN
Jean-Pierre Furlan, Norah Amsellen, Jordanka Milkova, Homero Pérez-Miranda, Raphaël Brémard, Rodolphe Briand, Luc Bertin-Hugault, Germán Enrique Alcántara, Marie Émeraude Alcime. Dirección: Jacques Mercier. Dirección de escena: Paul-Émile Fourny. 16 de junio de 2017.
 
Dos instantes de la representación de Les contes d’Hoffmann en Metz © Opéra Théâtre de Metz Métropole / Arnaud Hussenot
 
Sin menoscabo de los elogios que seguirán, vayan por delante los primeros para con los coros de esta producción. Merion Powell y Nathalie Marmeuse, directoras de los coros de Nancy y de Metz, obtuvieron de sus huestes los mejores momentos musicales –líricos o heroicos, brillantes siempre– de la noche. Les apoyó la Orquesta Nacional de Lorena, dirigida por Jacques Mercier, un maestro que conocía bien tanto la obra como la institución lírica de Metz; adoptó el ritmo que convenía a cada momento, dosificó con esmero los atriles, con algún ligero favoritismo para con los de los metales. Respetó los volúmenes acústicos de los cantantes y trató con particular atención y pericia la grandiosidad de los concertantes y los finales de acto, en los que puso toda la carne en el asador.
Paul-Émile Fourny resolvió con acierto las múltiples dificultades que presentaba la obra por el elevado número de situaciones y de personajes a dar vida. Optó por un decorado único –una calle casi medieval y un teatrillo de quita y pon, bien pensados por Poppi Ranchetti– y se las ingenió con soluciones de buena ley, demandando alguna imaginación al público, para transformar dicho decorado en los sucesivos lugares de la historia: la góndola simulada que llevó a Nicklausse y a Giulietta valió aplausos. Se ocupó también de la parte dramática de los cantantes, facilitando con ello el arduo trabajo de preparación de los mismos.
Se aplaudió con justicia el trabajo vocal y dramático de la parisina Norah Amsellen, soprano curtida en los roles de las cuatro heroínas de Hoffmann: vocalmente impecable –voz amplia, bello timbre, dicción inmejorable–, fue sucesivamente una Olympia desopilante, una emocionante Antonia y una seductora convincente en el cuadro veneciano. Jean-Pierre Furlan (Hoffmann desde 1993), enfermo esta noche según se dijo entre bastidores, hizo frente al complejo personaje con enorme potencia y perfecta dicción, algo estropeadas ambas por un timbre muy duro, metálico, que dificultó en múltiples momentos la expresión lirica del personaje.
Jordanka Milkova (la Muse, Nicklausse) matizó con acierto y buena pronunciación sus dos personajes; Luc Bertin-Hugault fue un Crestel contundente, y Rodolphe Briand actuó a la par que cantó con convicción su personaje de Spalanzani, el papá de Olympia. Salida del coro de Metz, Marie Émeraude Alcime fue la espléndida voz de la madre de Antonia. Raphaël Brémard interpretó con ciencia y arte los personajes de Andrès, Cochenille, Frantz y Pittichinaccio, y Germán Enrique Alcántara hizo lo propio con los de Hermann y Schlémil. Homero Pérez-Miranda (Lindorf, Coppélius, Miracle y Dapertutto) cubrió perfectamente los extremos de su tesitura pero mostró flojedad –volumen y timbre– en el registro medio, lo que menguó bastante su trabajo.  * Jaume ESTAPÀ