Amigos Canarios de la Ópera
Massenet WERTHER
Aquiles Machado, Silvia Tro Santafé, Marina Monzó, Rodolfo Giugliani, Stefano Palatchi, Manuel García, Fernando García-Campero, Octavio Suárez, Carmen Esteve. Dirección: Giuseppe Sabbatini. Dirección de escena: Rosetta Cucchi. Teatro Pérez Galdós, 20 de junio de 2017. 
 
Aquiles Machado y Silvia Tro Santafé, Werther y Charlotte en el Pérez Galdós © ACO / Nacho González 
 
Fue un acierto la elección de Werther como colofón y cierre de la 50ª Temporada lírica de ACO. No solo por ser otro de los títulos de estreno del primer festival (1967), sino porque el de su protagonista es sin duda uno de los papeles míticos de Alfredo Kraus, figura omnipresente en el recuerdo, en torno a la que gira esta temporada de aniversario. Es sin duda Werther uno de los paradigmas del ideal romántico. En la obra literaria original, Goethe plantea un continuo in crescendo mediante epístolas que avanzan desde el costumbrismo hasta la más vertiginosa obsesión que desemboca en el desenlace final. La obra de Massenet logra mediante una atmósfera hermética pero expresiva este efecto, circunstancia que asimiló como filosofía la propuesta de ACO.
En este sentido, Rosetta Cucchi, debutante en la temporada canaria con una producción original del Teatro Comunale di Bologna, consiguió generar magistralmente la escalada desde la quietud mundana y pastoral del primer acto hasta el trepidante drama final. El omnipresente sillón donde desde el principio el protagonista barrunta su final –posiblemente rememorando a modo de flash-back– mientras se incorpora e interactúa con otros personajes o se abstrae en su dialogo interior es maravilloso. Como también las evocaciones en espacios cerrados a modo de hogar que desde la calidez al desasosiego le atormentan.
En lo musical la visión de Giuseppe Sabbatini estuvo en la misma sintonía, consiguiendo de la Filarmónica de Gran Canaria la evolución desde los sonidos más elegíacos con perfectos  matices –sobre todo en cuerdas– del elegante envoltorio orquestal de Massenet, hasta la mayor intensidad dramática de los últimos cuadros.
Generoso fue el esfuerzo del elenco de intérpretes. Aquiles Machado aportó su belleza tímbrica, su generoso centro vocal y la rotundidad de su registro agudo a un Werther que orientó a un acertadísimo desasosiego alejándolo de estereotipos encorsetados. Por su parte la debutante en la plaza Silvia Tro Santafé fue una genial Charlotte, con una amplitud de registro y matices vocales que fueron creciendo, apoyadas en una línea de canto notable y una seguridad en el control de la voz extraordinaria. Su final dramático, sobresaliente.
En cuanto a Marina Monzó –también debutante tanto en el rol como en la temporada–, dio un acertado aire desenfadado y desenvuelto a Sophie, desde una voz con razonable solidez, buen volumen y registro agudo prometedor. Fue el Albert de Rodolfo Giugliani –debutante en todos los sentidos, como Monzó– un personaje severo, adusto y de potente presencia al que ayudó su sólida línea de canto y su valiosa oscuridad tímbrica. Stefano Palatchi, por su parte, aportó su solidez escénica y cerró con talento un cartel de mucho valor. El Coro Infantil de la OFGC, a pesar del alboroto de sus escenas, se mostró muy conjuntado. Al final hubo la merecida ovación, que no solo reconoció una gran propuesta, sino toda una temporada que se encuentra, con diferencia,  entre las mejores de los últimos años.  * Agustín AROCHA