Teatro de La Zarzuela
Arrieta MARINA
Leonor Bonilla, Eduardo Aladrén, Germán Olvera, Ivo Stanchev, David Oller.
Dirección: Ramón Tebar. Dirección de escena: Ignacio García. 22 de junio de 2017. 
 
Dos detalles de la producción de Marina de Ignacio García © Teatro de La Zarzuela / Javier Del Real
 
El segundo reparto de esta reposición de Marina que tanto éxito ha cosechado –como es natural–, contó con una excelente protagonista en la voz de Leonor Bonilla, expresiva, bien proyectada, con una buena técnica para afrontar las exigencias virtuosísticas que en este papel son muchas y muy difíciles. Entró muy bien desde el primer momento, pero se fue creciendo hasta llegar a una espléndida intervención final. Alguna abertura en el registro más agudo no empañó una prestación excelente. Bonilla es también una buena actriz, como todos los participantes en este reparto.
El Jorge de Eduardo Aladrén presentó una voz imponente, bien manejada y flexible aunque con cierta tendencia a abusar del fortísimo, para el que evidentemente está bien dotado. Eso perjudicó su caracterización del personaje, que resultó demasiado exteriorizado. Muy bien, en cualquier caso. Magnífico el Roque del barítono Germán Olvera, con una voz muy hermosa, pastosa y dúctil, homogénea, cambiante –como es debido para un personaje que no se debe encasillar en un solo registro– y de un timbre luminoso y profundo. Gran éxito. Muy bien estuvo Ivo Stanchev en el poco agradecido papel de Pascual, al que supo humanizar con una voz de bajo de amplio registro, poderosa y matizada. Excelente David Oller, con un instrumento limpio y homogéneo, bien timbrado, con el que supo sacar a la luz la humanidad de Alberto, personaje que siempre corre el riesgo de quedar desdibujado. También sobresaliente, con una voz preciosa, Graciela Moncloa en su breve intervención.
La dirección musical, a cargo de Ramón Tebar, resultó dinámica y de gran efecto, lo que le viene bien a esta ópera tan rica y variada. La Orquesta de la Comunidad de Madrid respondió con precisión y algo parecido a la alegría, como si se dejara llevar por la música de Arrieta. Muy bien el Coro Titular del teatro, que matizó con inteligencia y sensibilidad respondiendo al papel más que relevante que la partitura le encomienda. La puesta en escena de Ignacio García, convertida ya casi en todo un clásico, es una pequeña obra maestra de delicadeza, pulcritud y ritmo. Todo un éxito, merecido y con el teatro lleno, que confirma la buena salud de la música española cuando se hace con profesionalidad y respeto.  * José María MARCO