Palau de les Arts
Rossini TANCREDI
Yijie Shi, Daniela Barcellona, Pietro Spagnoli, Jessica Pratt, Manuela Belli, Rita Marqués. Dirección: Roberto Abbado. Dirección de escena: Emilio Sagi. 23 de junio de 2017. 
 
Jessica Pratt y Daniela Barcellona, Amenaide y Tancredi en Valencia © Palau de les Arts / Tato Baeza 
 
No podía terminar mejor una temporada que, por lo demás, ha sido bastante irregular. Pero lo cierto es que este Tancredi cerró el curso del Palau de Les Arts dejando a su público con un buen sabor de boca. No es un secreto que la Orquestra de la Comunitat y el Cor de la Generalitat son conjuntos de primer nivel, así que cuando se cuenta con un buen reparto, el resultado final suele ser una interpretación musicalmente propia de los mejores teatros del mundo, y eso es lo que ocurrió en este caso. Además, era el primer Rossini serio que se programaba en el coliseo valenciano y ello no podía tener mejor inicio.
Daniela Barcellona volvía a un teatro en el que cosechó grandes éxitos con Les Troyens y Aida, pero en esta ocasión, por primera vez, lo hacía con su repertorio natural. Su Tancredi es simplemente magistral por dominio del estilo, la coloratura y la inteligencia para conseguir el color apropiado para cada situación. Además, dramáticamente mantuvo la tensión a lo largo de la obra hasta la escena final, en este caso de la versión de Ferrara. Jessica Pratt fue una Amenaide de sabor lírico con soberano un control de las agilidades y agudos. Cuando quiso aportó una voz incisiva y cuando era necesario optó por emisiones delicadas jugando con las dinámicas.
Yijie Shi asombró como Argirio: pese a su juventud, su voz demuestra una sorprendente madurez. El agudo es fácil y con squillo, pero fueron admirables la solidez del centro y la facilidad en el grave, armas idóneas –y difíciles de encontrar– para afrontar los roles de tenor rossiniano dramático. En ese aspecto, destacó la colocación de los graves en la máscara sin buscar sonoridades espurias de garganta o pecho permitiendo así una impecable línea canora.
Un auténtico lujo fue contar con Pietro Spagnoli en el papel de Orbrazzano, rol breve y poco grato, pero que en este caso se vio enriquecido con la inclusión de “Alle voci de la gloria”; al parecer el propio Alberto Zedda –a quien se le dedicaron las funciones, experto en el compositor y autor de ediciones críticas de varias de sus óperas– le recomendó incluirla si asumía el personaje; aunque el aria no pertenece a esta ópera, es de la misma época. El cantante dio muestras de una extraordinaria clase, técnica y estilo interpretativo.  Magníficas también Manuella Belli como Isaura y Rita Marqués como Roggiero, cantante esta última que, por cierto, pertenece al Centre de Perfeccionament del que Zedda fue su primer director.
Roberto Abbado es una referencia absoluta en  el repertorio rossiniano serio y en esta ocasión dirigió con el brazo derecho en cabestrillo; se bastó con el izquierdo para dominar la obra y conseguir una interpretación rica en detalles e intensa en lo dramático, firmando una lectura difícilmente superable. Emilio Sagi sitúa la acción en la Sicilia del siglo XIX, utilizando líneas limpias y una arquitectura neoclásica con fuerte presencia griega clásica –esos triglifos–, por otra parte tan siciliana. El resultado es limpio e inteligente y soluciona con pericia y credibilidad las situaciones escénicas.  * César RUS