Teatro Real
Puccini MADAMA BUTTERFLY
Ermonela Jaho, Enkelejda Shkosa, Jorge de León, Ángel Ódena, Francisco Vas, Tomeu Bibiloni, Fernando Radó. Dirección: Marco Amiliato. Dirección de escena: Mario Gas. 27 de junio de 2017.
 
Ermonela Jaho protagonizó Madama Butterfly en Madrid © Teatro Real / Javier del Real
 
Madama Butterfly es una de esas óperas que, estando más o menos bien cantadas y escenificadas, son un éxito asegurado y al tiempo constituyen todo un riesgo para el coliseo que las monta por su inmensa popularidad. El Teatro Real fue, en cierto sentido, sobre seguro –e hizo bien– recuperando su producción de 2002, firmada por el gran Mario Gas, que sitúa la acción en un escenario un poco art decó, como de los años veinte, y hace de esa ubicación, única, el centro de un plató de cine en el que se está rodando una versión para el cine de la conocida ópera pucciniana. Como la puesta en escena de esta tragedia es muy brillante y respetuosa, además de intensamente dramática y concentrada, el público se olvida del resto –salvo de la pantalla sobre el escenario, que ofrece la película en blanco y negro, con continuos primeros planos– y todo el asunto apenas aporta nada, como no sea subrayar el tono ligeramente antinorteamericano de la obra. Dio la casualidad de que la función se estaba rodando, esta vez de verdad, para RTVE, con lo que los post-postmodernos quedaron –quedamos– sumamente satisfechos.
 
La auténtica heroína de la velada fue, como debe ser, la Butterfly de Ermonela Jaho. La soprano albanesa empezó un poco dubitativa, con graves poco seguros, pero en muy poco tiempo se hizo con el personaje y consiguió una interpretación formidable. En lo escénico, porque es una actriz consumada y sobria, hasta el final desmelenado; y sobre todo en lo vocal: de voz bellísima, jugosa, con pianísimos formidables, sostenidos con una técnica impecable y subidas perfectamente templadas, homogéneas, sin histerias ni recursos al grito, sutil cuando hace falta y dramática cuando hay que meter el acelerador… Fue de las más convincentes intérpretes de la desgraciada protagonista que este cronista haya visto.
 
El tenor tinerfeño Jorge de León, como Pinkerton, estuvo convincente en lo escénico pero destemplado en lo vocal, matizando poco. Evidentemente, el personaje le viene bien a su voz, pero le hace falta una línea de canto más cuidada: lo puede hacer, como demostró en su patética y hermosa intervención del tercer acto. Magnífica la Suzuki de Enkelejda Shkosa, que mantiene una voz preciosa, llena y redonda, así como la buena técnica belcantista con la que se puede afrontar sin miedo papeles como este. Precioso el dúo de las flores.
Ángel Ódena cantó un Sharpless humano, matizando y consiguiendo, con una actuación también contenida y una voz aterciopelada, encarnar un ser humano de verdad, mucho más allá del tópico. Muy bien el Goro de Francisco Vas, todo lo paródico que debe ser el personaje y de gran calibre vocal. Estupendo y temible el Tío Bonzo de Fernando Radó y noble, sin envaramiento, el Príncipe de Tomeu Bibiloni.
El coro Titular del Teatro Real estuvo formidable de afinación, en particular en la intervención nocturna, y la orquesta anduvo a trechos un poco insegura, como si sintiera demasiado respeto por la variedad efectista y demagógica –hoy se diría populista– de la partitura de Puccini. Muy bien la dirección de Marco Armiliato, de gran efecto, como corresponde, pero sabiendo cuidar siempre a los cantantes y matizando adecuadamente en los muchos momentos en que era necesario.  * José María MARCO