Gran Teatre del Liceu
Mozart DON GIOVANNI
Carlos Álvarez, Vanessa Goikoetxea, Myrtò Papatanasiu, Rocío Ignacio, Toby Spence, Maurizio Buccino, Toni Marsol, Anatoli Sivko. Dirección: Josep Pons. Dirección de escena: Kasper Holten.
20 de junio de 2017.
 
Intérpretes del reparto alternativo de Don Giovanni en Barcelona © Gran Teatre del Liceu / Antoni Bofill
 
En el catálogo que para él confecciona su criado Leporello, y que ahora los graffiti de alta tecnología permiten seguir en diferido en las paredes de su casa/prisión, Don Giovanni tiene un surtido suficientemente amplio de victorias como para resarcirse de los fracasos sucesivos que le esperan en la obra de Mozart. Si se traslada el símil al ámbito interpretativo, cantantes en reserva los hay suficientes para completar un segundo reparto liceísta con savia nueva y confiar en los resultados. Se hizo con éxito en este caso y aun sin llegar a los niveles del primer reparto, las nuevas incorporaciones hicieron un buen papel. 
Vanessa Goikoetxea, aunque escénicamente pareció poco convencida de la manipulación que el regista hace del personaje de Donna Anna, aportó una voz de grato timbre y una óptima línea de canto, sobreponiéndose a un exceso de metal en la emisión que iría diluyéndose en el curso de la representación. Myrtò Papatanasiu fue una consistente Elvira, de físico atractivo y de voz bien esmaltada aunque de emisión un tanto discontinua. Rocío Ignacio, adorable Zerlina en el aspecto escénico, convenció por la espontaneidad de su canto, que tiene, por otra parte, que luchar con un vibrato muy pronunciado. No optó, por cierto, por las variaciones añadidas por su antecesora en el rol. 
En el sector masculino abrumó por voz, por clase y por sentido dramático el Don Giovanni de Carlos Álvarez, una creación insuperable por entrega y rigor canoro en el actual panorama mozartiano. Toby Spence cantó con buena línea y aceptable control del fiato las dos arias de Don Ottavio pero su voz blanquecina y poco timbrada no le permitió ir mucho más allá. Decepcionante el Leporello de Anatoli Sivko, una voz no menospreciable pero utilizada aquí sin convicción ni vivacidad apreciables. Mariano Buccino fue un Comendador de voz suficiente y bien impostada y Toni Marsol cumplió sobradamente como Masetto. 
La solución dada a la escena final, con el sexteto desmochado alla tedesca y los solistas en el foso, desmiente el carácter de opera buffa de esta obra maestra sin aportar nada a cambio. Cuando el Liceu tenga un público que proteste por estas veleidades de progresismo mal entendido empezará a ser un teatro serio.  * Marcelo CERVELLÓ