Palau de les Arts
Hasse PIRAMO E TISBE
Vivica Genaux, Valentina Farcas, Emanuele D’Aguanno. Dirección: Fabio Biondi. Dirección de escena: Emilio López. 15 de junio de 2017. 
 
Vivica Genaux y Valentina Farcas, en Piramo e Tisbe © Palau de les Arts / Tato Baeza 
 
Con la llegada de Fabio Biondi a Les Arts como cotitular, la presencia del repertorio del siglo XVIII ha aumentado. La programación de la música de Hasse en esta temporada era un empeño casi personal, del maestro, convencido –y con razón– de la importancia capital que su música tiene dentro de su contexto histórico. El título elegido fue Piramo e Tisbe (1768), cuyo libreto relata la historia recogida por Ovidio y para la que Hasse dedica una música delicada y elegante en un ejemplo magnífico de ópera italiana entre el barroco y el clasicismo.
Cada vez se hace más evidente la gran diferencia de calidad obtenida por Biondi cuando dirige y toca a la vez y cuando solo tiene en sus manos la batuta. Tras la superficial Lucrezia Borgia de hace unos meses, esta interpretación de Piramo e Tisbe destacó por su riqueza de matices, su precisión y ductilidad; se nota que al maestro le resulta más natural transmitir la música con la ayuda de su violín que no solo con el gesto de la batuta, y es que es más fácil plasmar y contagiar una idea cuando el sonido surge directamente de uno.
Las voces se vieron perjudicadas por una acústica del auditorio siempre problemática y no muy adecuada para el barroco. En cualquier caso, Vivica Genaux fue un Piramo ideal gracias a su instrumento de aterciopelado timbre y su dominio absoluto de este tipo de repertorio. Consiguió detalles sutiles y expresivos, además de dominar la coloratura. Sorprendió por su depurada técnica, con sonidos etéreos en el agudo, la soprano Valentina Farcas (Tisbe). Retrató un personaje delicado y lírico, de gran emotividad pero a la vez elegante. Al inicio de su intervención, el tenor Emanuele D’Aguanno levantó importantes expectativas gracias a una voz en el centro timbrada y bien colocada, además de un atractivo timbre. Sin embargo, los problemas técnicos aparecieron a la primera de las dificultades: en cuanto tuvo que afrontar una coloratura o atacar un agudo empezaron los problemas de afinación o los agudos calantes y sin proyección. Es una pena, porque la ópera se cierra, precisamente, con un aria suya.
Como se ha venido haciendo desde la inauguración del Auditorio de Les Arts, se ofreció una versión semiescenificada. Emilio López huyó, sin embargo, de recurrir a las tan manidas proyecciones que han sido una constante en los últimos años. En lugar de eso construyó una estructura a modo de plataforma sobre la orquesta que, a efectos prácticos, se convirtió en un escenario propiamente dicho. Un espacio intermedio entre las dos partes que permitía el paso de un lado a otro, simbolizaba la ranura por la que los amantes se comunican. Con solo la luz se supo teñir de color rojo las moras: según este mito el fruto de la zarzamora antes de Piramo y Tisbe era blanco. El trabajo más destacable es el del movimiento escénico pues no se cayó en el estatismo que a veces se da en el Barroco.  * César RUS