Ópera Nacional de Chile
Mozart LE NOZZE DI FIGARO
Igor Onishchenko, Nadine Koutcher, Angela Vallone, Maite Beaumont, Zheng Zhong Zhou. Dirección: Attilio Cremonesi. Dirección de escena: Pierre Constant. Teatro Municipal, 14 de junio de 2017.
 
Le nozze di Figaro subió al escenario del Municipal santiaguino © Ópera Nacional de Chile / Patricio Melo 
 
Esta es una obra que exige pleno de brío teatral y perfecta sincronización; una suerte de coreografía lírica en que todo debe calzar para describir el enredo, las situaciones y, en especial, el juego de los afectos. Ayudó a eso muy limitadamente la dirección escénica de Pierre Constant, casi siempre exterior y sin considerar que la risa esconde aquí crisis humanas profundas. En este caso, tales conflictos son amorosos (las parejas en controversia), personales (Cherubino adolescente) y también sociales y políticos (la restauración del derecho de pernada y la violencia que provoca tener que recurrir a los criados para solucionar conflictos íntimos). Lo que hubo fue un juego divertido solo a ratos, liviano y poco reflexivo, con algunos momentos –pocos– logrados, como el encuentro de Fígaro con sus padres. También hubo otros interesantes, como ese intento de la Condesa de restaurar su mundo cuando durante su “Dove sono” descubre los sillones que son signo de su alcurnia o el conjunto final, que culmina con un guiño a la Revolución Francesa que se anuncia, con los sirvientes triunfando y los señores confundidos en la marisma.
 
La escenografía tampoco fue un descanso. Roberto Platé concibió un cuadro único con una suerte de pesado palcoscenico de madera, flanqueado por varias puertas, utilizadas para las entradas y salidas de los personajes. Todo de extrema economía de medios y de rara fealdad.
 
La obertura permitió augurar un mejor desarrollo del aspecto musical, porque la versión de Attilio Cremonesi fue de una finura camerística notable, en especial debido al exquisito sonido de las maderas. Sin embargo, una vez iniciada la acción, todo eso tendió a diluirse debido a una dirección de velocidad inusitada que terminó por provocar más de un descuadre con el conjunto de cantantes y que olvidó del todo la atmósfera emotiva de escenas como la entrada de la Condesa (“Porgi amor”), las arias de Cherubino y el dúo “Canzonetta sull’aria”. Los recitativos tampoco alcanzaron a cumplir con su función y se escucharon a ritmo rápido, sin el goce necesario por el verbo dicho. A pesar del triunfo del final (“Ah, tutti contenti”), quedó la sensación de una idea musical, complementada a la escénica, que no llegó a término, que no cuajó.
 
El elenco tampoco ofreció nada de excepción. Ni en lo vocal ni en lo estilístico. Mejor en este contexto, el enérgico Cherubino de Maite Beaumont y la encantadora Susanna de Angela Vallone, quien cantó con delicadeza su “Giunse alfin il momento”. No puede fallar Fígaro en esta ópera y por el momento el barítono Igor Onishchenko, de gran agilidad en sus desplazamientos, no es el cantante adecuado, por una voz de corto alcance y porque aborda el papel de manera superficial. En Mozart no está en su elemento la eficiente soprano Nadine Koutcher, que además sufrió la velocidad que se imprimió a sus escenas, mientras que el barítono Zhen Zhong Zhou fue un Conde Almaviva de hermoso timbre y actuación convincente.  * Juan Antonio MUÑOZ