Opéra Comédie
Rota LA NOTTE D’UN NEVRASTENICO
Bruno Praticò, Bruno Taddia, Kévin Amiel, Giuliana Gianfaldoni, Davide Giusti, Charles Alves da Cruz.
Puccini GIANNI SCHICCHI
Bruno Taddia, Giuliana Gianfaldoni, Romina Tomasoni, Davide Giusti, Kévin Amiel, Oerrine Mardoeuf, Marceau Mesplé, Bruno Praticò, Julien Véronèse, Aimery Lefèvre, Julie Pasturaud.
Dirección: Francesco Lanzillotta. Dirección de escena: Marie-Ève Signeyrole. 9 de junio de 2017. 
 
En Montpellier se ofreció un programa doble con La notte d’un nevrastenico y Gianni Schicchi © Opéra Comédie / Marc Ginot
 
En un momento de gran afluencia en la ciudad –se celebra una feria–, un hotelero realquila dos habitaciones que ya estaban pagadas por un hombre enfermo, un neurasténico que usualmente alquila tres contiguas para él solo: dormía en la de en medio y dejaba vacías las otras para evitar ruidos molestos. En esta ocasión se ve obligado a soportar, por la izquierda, al cliente que dejó caer un zapato –y no el otro– y, por la derecha, a una pareja de enamorados.
Bien encuadrados en el escenario por la música de Nino Rota, más rítmica que melódica, los artistas llevaron a cabo muy bien sus cometidos pues se expresaron sobre la base de recitativos cantados. Bruno Praticò (Neurasténico) interpretó un juego doble, trágico por su enfermedad y cómico por las situaciones chuscas que hubo de soportar en esa aciaga noche. Bruno Taddia (Commendatore) asumió el papel de hotelero comprensivo que da cobijo al viajero y a los dos enamorados y que después los desaloja ante la furia del cliente que ya había pagado su alojamiento. Poco se dirá de los demás solistas y sí se aplaudirá el coro, bien preparado por Noëlle Gény y Jacopo Facchini. La puesta en escena de Marie-Ève Signeyrole, llena de ingenio, humor y justeza, se apoyó en una escenografía de Fabien Teigné, con muchas posibilidades. El vídeo, concebido por la misma Signeyrole, redondeó oportunamente la primera parte de la velada, para regocijo de grandes y chicos.
Otra cosa fue la ejecución –valga la palabra en sus dos sentidos– de Gianni Schicchi. En el fondo, la llaneza, la falta de relieve de la realización, provino de la actitud poco interesada de Francesco Lanzillotta en el foso. A partir de su dirección confusa, mezcla de errores de ritmo y de desfases entre los atriles de la orquesta, los cantantes no pudieron coordinar bien sus intervenciones. Si bien el libreto de Gioacchino Forzano pedía desbarajustes dramáticos en el escenario a la familia del finado Buoso, la música de Puccini hubiese permitido ordenar lamentos, injurias e imprecaciones a los herederos. Este no fue el caso. Bruno Taddia (Schicchi), dotado de una voz adecuada, no dio relieve a las réplicas más sustanciosas de su personaje. Tampoco Giuliana Gianfaldoni (Lauretta) ni Kévin Amiel (Rinuccio) lograron dar vida a los inefables momentos musicales que les tocaron en suerte. Tan solo Bruno Praticò expresó los sentimientos y las voluntades de Betto, su modesto personaje.
La puesta en escena de Signeyrole, por ser inteligente en demasía y también por mor de separarse de la mayoría de las versiones de la comedia vistas hasta hoy, pidió demasiado a los artistas en el escenario: al levantarse el telón, la familia de Buoso iba ya, deprisa y corriendo, a enterrar al muerto en un campo anónimo. En la idea de la directora de escena, eran todos, incluyendo a Gianni Schicchi, gentes chapadas a la antigua, maniáticos de la puesta oscura, bajo tierra, de cuanto podía tener algún valor, como el dinero, un testamento o el cadáver de un hombre rico. Nótense, sin embargo, muchos aciertos en el trabajo de la directora, como el acompañamiento con imágenes de vídeo de la canción de Lauretta: la nube de gorriones danzando al son de la bella melodía creó un momento mágico en la sala.  * Jaume ESTAPÀ