Opernhaus
Verdi BALLO IN MASCHERA
Otra Jorjikia, George Petean, Sondra Radvanovsky, Marie-Nicole Lemieux, Ilse Eerens, Yuriy Tsiple, Ildo Song, Gyula Rab, Dimitri Pkhaladze, Trystan Llyr Griffiths. Dirección: Fabio Luisi. Dirección de escena: David Pountney. 7 de junio de 2017.
 
Sondra Radvanovsky debutó el personaje de Amelia en Zúrich © Opernhaus / Judith Schlosser
 
 
La reposición de este Ballo firmado escénicamente por David Pountney significaba el debut local de Sondra Radvanovsky, una de las sopranos más aclamadas de la actualidad. En un inicio estaba previsto que se presentara acompañada de un muy interesante reparto junto a Marcelo Álvarez y Sen Guo, entre otros, pero ambos tuvieron que cancelar por sendas afecciones. Así, en el rol principal tuvo la oportunidad de debutar Otra Jorjikia, joven tenor del Opera Studio que en un principio iba a cantar el breve papel de Giudice; si bien estas situaciones son habituales, no lo es tanto que acaben con éxito: Jorjikia sorprendió gratamente por la calidad de su instrumento, cálido y bien proyectado y de atractivo color, fraseo impecable y elegante y agudos –todos– brillantes, a pesar de una falta de squillo que le hizo forzar en algún momento, sobre todo al lado del torrente vocal que es Radvanovksy. Con todo, Jorjikia gustó mucho ya en “La riverdrà nell’estasi” y en la barcarola “Di tu fedele il flutto m’aspetta” del primer acto y, especialmente, en el sentido “Ma se m’è forza perderti”, aunque le faltara la entrega necesaria en el arrollador “Si, rivederti Amelia”.
Radvanovsky es, quizás, demasiada soprano para Zúrich, donde no están nada acostumbrados a estas voces generosas que llenan sin esfuerzo grandes coliseos como el Met, la Bastille o el Liceu. La suya es una Amelia de rompe y rasga, de entrega absoluta y de presencia escénica hipnótica. Su voz de color oscuro y metálico puede no gustar a todo el público, pero lo que es innegable es su entrega absoluta a la interpretación y a la música. En “Ecco l’orrido campo” estuvo sensacional y escalofriante, aunque cuando realmente conmocionó fue en la sentida página “Morrò ma prima in grazia”, y es que Radvanovsky es una intérprete muy dotada que supo administrar adecuadamente su torrencial instrumento para regalar pianissimi y momentos de gran belleza y musicalidad.
La canadiense Marie-Nicole Lemieux, con una extraña carrera desde el Barroco al Verdi de contralto, dibujó una Ulrica excesiva y algo forzada que casaba muy bien con los histrionismos a que se veía obligada por la dirección de escena. El dúo con Radvanovsky sonó a antiguas glorias y hasta resultaba interesante, por historicista, poder presenciar ese estilo añejo de a ver quién puede más. George Petean (Renato) es un excelente barítono con una línea muy elegante, pero su voz y estilo belcantista no terminan de casar con la interpretación y el estilo verdianos. Si en “Alla vita che t’arride” pudo convencer, a pesar de algún engolamiento, en “Eri tu” careció del furor necesario para hacer que su Renato llegara a intimidar. Ilse Erens sustituyó in extremis a Sen Guo como Oscar, cantando desde un atril a un costado del escenario, y lo hizo francamente bien; de delicada voz de soprano ligera, brilló por su sutil musicalidad y dulce instrumento.
Fabio Luisi hizo gala de su fama como experto verdiano y dirigió magistralmente a la orquesta, de la que es titular, manteniendo en todo momento la tensión necesaria en cada escena y dosificando el sonido y cuidando la musicalidad, tanto en los momentos de gran conjunto como en los solistas. La dirección escénica de Pountney, olvidando la opción bostoniana o escandinava de la obra, sitúa la acción en un teatro de marionetas en el que se emula el control del poder sobre las personas, recurriendo al meta teatro. Todo ello con un cierto aire passé y sin aportar nada nuevo a través de esta relectura anodina de la obra de Verdi.  * Albert GARRIGA