Opéra Royal
Charpentier MÉDÉE
Colin Ainsworth, Mireille Asselin, Jesse Blumberg, Peggy Kriha Dye, Christopher Enns, Stephen Hegedus, Olivier Laquerre, Meghan Lindsay, Kevin Skelton, Karine White. Dirección: David Fallis. Dirección de escena: Marshal Pynkoski. 19 de mayo de 2017. 
 
Solistas del Atélier Baroque Toronto en el montaje de Medée © Opéra Royal / Bruce Zinger
 
El Atélier Baroque Toronto no busca la reproducción fiel del trabajo de los artistas del siglo XVIII, sino aprovechar lo vivido en los escenarios desde esa época para hacer resaltar lo máximo posible las intenciones del autor. El efecto producido por ciertos contrastes es interesante. Tras Persée vista en 2014 (ÓPERA ACTUAL 172) y Armide presentada en 2015 (ÓPERA ACTUAL 187), llegó ahora el turno de Médée de Marc-Antoine Charpentier, estrenada con poco éxito en 1693. La obra pone en escena la venganza terrible de la maga de Colchida, mal acogida en Corinto y abandonada por Jasón, el padre de sus dos hijos. La excesiva violencia de la obra explica, tal vez, la desaprobación del público del siglo XVII.
 
Marshall Pynkoski se apoyó sobre esta característica para hacer entender hasta qué punto la violencia ejercida por los corintios podía justificar la venganza terrible de la maga: los gestos de los actores fueron bruscos e impulsivos. Los artistas se pegaron a menudo, pero también se tocaron y se sobaron, se besaron una y otra vez con el realismo de una obra verista. La violencia apareció en el foso, con sonidos muy ácidos producidos por los fagots antiguos (bassons) que David Fallis dejó a sus anchas. Violenta estuvo la orquesta en las escenas de rayos y truenos, que si aparecen a menudo en el género barroco, fueron aquí sobreabundantes, e incluyeron disparos de fusil con pólvora real. Incluso el olor de los disparos invadió –profanó– la sala de Luis XVI. Violencia finalmente hubo también en el decorado de Gerard Garci, compuesto ya de construcciones armónicas pero deformadas, ya de cielos oscuros nublados, angustiosos.
 
Los cantantes tradujeron la decisión de Pynkoski según sus posibilidades de adaptación. Así, Colin Ainswoth, al forzar la potencia de su emisión, perdió timbre, pero dio del argonauta una visión muy conforme a su personaje. Peggy Kriha Dye fue una Médée enamorada, defraudada, vengativa, que emitió con contundencia en esta segunda fase de su personaje. Acompañó el gesto a la palabra e hizo creíble el furor y la eficacia de su venganza.
 
Capítulo aparte merece Mireille Asselin (Créuse), sin duda la mejor voz de la compañía, imagen de la sinceridad juvenil por la dulzura que inyectó en aquel mundo brutal. Globalmente se dirá de los demás roles principales que, siguiendo la tónica impuesta por el director de escena, forzaron sus voces y perdieron timbre, pero contribuyeron eficazmente a mostrar que el horror de una situación desagradable y compleja puede también generar belleza. Así, se podría hablar de Jesse Blumberg (Oronte) o de Stephen Hegedus (Créon), principalmente.
 
No se puede olvidar la belleza y la armonía introducidas por las danzas de los artistas del atelier de ballet de la troupe, dirigido por Jeannette Lajeuneuse Zingg, que bailó entre sus artistas como una bailarina más. Sus espadachines cruzaron sus armas con gran maestría, dando un efecto de violencia y de peligro inmediato considerable.  * Jaume ESTAPÀ
 
 
 
 
 
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