Angers Nantes Opéra
Gérard Pesson LA DOUBLE COQUETTE
Isabelle Poulenard, Maïlys de Villoutreys, Robert Getchell. Dirección: Héloïse Gaillard y Violaine Cochard. Dirección de escena: Fanny de Chaillé. 18 de mayo de 2017. 
 
La música de Antoine Dauvergne se recuperó en Nantes © Angers-Nantes Opéra / Marc Domage
 
 
Florisse está enamorada de su novio Damon, quien la engaña con Clarice. Cuando la primera se percata de la situación, decide vengarse: se viste de hombre y seduce a Clarice con la consiguiente desesperación de Damon. Este acaba desenmascarando la superchería de Florisse cuando es ya demasiado tarde: las dos mujeres se aman aun habiendo descubierto Clarice el verdadero género de Florisse. Damon, en definitiva, no está descontento por el resultado, pues podrá así vivir otras aventuras. Fue este un final digno de la célebre frase “Nadie es perfecto” de la película Con faldas y a lo loco (1959), cuando Joe E. Brown descubre que Jack Lemon, vestido de mujer, es en realidad un hombre.
La doublé coquette (2014) proviene de La coquette trompée (1753), esta última con libreto de Charles-Simon Favart –cuyo apellido da nombre al teatro de la Opéra-Comique– y música de Antoine Dauvergne. Se puede juzgar por las fechas la modernidad de la moraleja de la historia, claramente indicada en el texto de la escena final: “El sexo de cada uno de nosotros no es importante. No es más que apariencia”. La transposición del libreto –se habló moderadamente de Facebook y de e-mails– corrió a cargo de Pierre Alfieri, mientras que la música fue retocada –por momentos en gran profundidad pero siempre con tacto y fineza– por Gérard Pesson. Lo que hubiese podido ser un engendro fue una obra fluida, bien ilustrada, divertida.
Si los ajustes necesarios para el nuevo libreto fueron muy acertados, el verdadero trabajo de puesta al día corrió a cargo de Pesson. Con ciencia y arte supo fundir dos épocas tan distintas, en apariencia, dando al César lo que le pertenecía y añadiendo, con ritmos y modalidades de hoy, elementos musicales muy ilustrativos de la enrevesada historia. Al cabo fue un goce real.
También la producción (Fanny de Chaillé) resultó de gran efecto, a pesar de su evidente simplicidad. El conjunto instrumental Amarillis, dirigido por Héloïse Gaillard y Violaine Cochard, demostró con escalofriante tranquilidad cómo podía pasar, casi sin transición, del estilo barroco a una música de ritmos y sonoridades post-modernos –Kurt Weill no anduvo lejos por momentos–, complejos, muy alejados de los del siglo XVIII.
En el escenario los tres protagonistas, Isabelle Poulenard (Florisse), Maïlys de Villoutreys (Clarice) y Robert M. Getchell (Damon), compitieron en los planos vocales y dramáticos con ahínco y eficacia hasta el punto de no poder, el público, impedir su beneplácito a todos y sus preferencias a ninguno de los tres.  * Jaume ESTAPÀ
 
 
 
 
 
 
 
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