Palau de les Arts
Massenet WERTHER
Jean-François Borras, Anna Caterina Antonacci, Helena Orcoyen, Michael Borth. Dirección: Henrik Nánási. Dirección de escena: Jean-Louis Grinda. 20 de mayo de 2017.
 
 Dos detalles del montaje de werther en Valencia © Palau de les Arts / Miguel Lorenzo y Mikel Ponce
 
La presencia del repertorio francés en la programación del Palau de les Arts se saldó esta temporada con Werther de Massenet. El título era nuevo en el teatro, pero no en la ciudad, en la cual en los años setenta del siglo pasado fue interpretado por Alfredo Kraus. El interés de esta producción giraba alrededor de la dirección escénica y musical. Jean-Louis Grinda concibió una propuesta original en el planteamiento: el punto de partida es el momento del suicidio y desde ahí, Werther va recordando toda la experiencia de su amor por Charlotte. La idea era buena, pues consiguió meter a la audiencia en el drama desde el primer momento; sin embargo, no se desarrolló de manera interesante y al final el ver en todo momento a Werther ensangrentado termina por agotar. Una solo idea, por buena que sea, no basta para sostener la ópera. Además, utilizó algunos elementos kitsch como la presencia de unos niños disfrazados de angelitos que sirvieron para todo menos para dar solidez a la historia.
Henrik Nánási fue el gran triunfador a nivel musical: el joven director añado un éxito a cada nueva visita a Valencia, y es que consigue el máximo de la Orquesta de la Comunitat. En esta ocasión logró plasmar toda la riqueza orquestal que Massenet empleara con una dirección nítida, precisa y brillante; a nivel interpretativo, optó antes por el drama y la tensión que por el lirismo melancólico. Jugó inteligentemente con las dinámicas y solo en el dúo del tercer acto faltó un adecuado equilibrio con las voces. En una obra como esta hay que destacar el trabajo del concertino Benjamin Scherer en las partes solistas.
A nivel vocal la obra se sostuvo gracias a la actuación del tenor Jean-François Borras como Werther, un cantante que hizo gala de una voz de fácil proyección y un sólido metal de tenor lírico; convenció por la facilidad para el agudo y sorprendió por el uso de una emisión mixta en las medias voces y los piani, recurso que para el repertorio francés entra dentro del estilo. Decepcionante resultó, en cambio, la actuación de Anna Caterina Antonacci como Charlotte, algo similar a lo sucedido en el Liceu barcelonés a principios de año. Pese a ser una gran artista –de esas que consiguen transmitir con profundidad cada personaje tanto en lo musical como en lo psicológico­–, esta vez no logró sobreponerse a un estado vocal en aparente declive: la voz sonó con exceso de vibrato y calante; el resultado fue un timbre opaco y sin esmalte. No obstante, consiguió momentos de calidad en el tercer acto que recordaron el esplendor de antaño.
Michael Borth, miembro del Centre de Perfeccionament, encarnó el papel de Albert; rol breve, pero de cierta importancia. El joven barítono posee un atractivo instrumento y demostró dominar el estilo e idioma. Helena Orcoyen lució una lírica y clara voz como Sophie, aunque le faltó algo de flexibilidad. Escénicamente fue en exceso ingenua, pero tal vez fuese por decisión de la dirección.  * César RUS
 

 

 
 
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