Bayerische Staatsoper
Wagner TANNHÄUSER
Klaus Florian Vogt, Anja Harteros, Christian Gerhaher, Georg Zeppenfeld, Elena Pankratova. Dirección: Kirill Petrenko. Dirección de escena: Romeo Castellucci. 28 de mayo de 2017. 
 
Klaus Florian Vogt, Elena Pankratova y Anja Harteros protagonizaron Tannhäuser en Múnich © Bayerische Staatsoper / Wilfried Hösl
 
La nueva producción de Tannhäuser prometía ser uno de los puntos fuertes de la temporada de la Ópera Estatal de Baviera y así fue, al menos a nivel musical. Kirill Petrenko dirigía por primera vez este título de Wagner en una versión que, una vez más, justificaba el lugar privilegiado que el titular de la compañía de Múnich ocupa entre las batutas actuales. Con orquesta y coro rindiendo a nivel superlativo, Petrenko privilegió la fluidez y la organicidad del discurso. Cada variación de tempo, de dinámica, de acentos era fruto de la lógica interna de la partitura y no del capricho egocéntrico de la batuta, de forma que la música wagneriana se presentaba ante el espectador con la fuerza ineludible de la evidencia. Sería injusto destacar un pasaje por encima de otro, pero seguramente la versión de Petrenko alcanzó sus más altas cotas en un concertante de un segundo acto milagroso –un tempo ágil no fue impedimento a un clímax imponente– y en un preludio del tercer acto de una unción inasible.
La compañía bávara no dejó ningún cabo suelto en el reparto, acertando incluso en el apartado más arriesgado, el debut de Klaus Florian Vogt como Tannhäuser; con una voz que, manteniendo su característico tono blanquecino, ha ganado en densidad, el tenor alemán dosificó bien sus fuerzas e hizo gala de su exquisita musicalidad, sin caer en histrionismos veristas en una bien modulada Narración de Roma. A su lado triunfó una de las reinas indiscutibles de Múnich, Anja Harteros, una Elisabeth cálida, de canto expansivo a la vez que delicado, especialmente conmovedor en la plegaria del tercer acto.
Ese pasaje fue sucedido por un auténtico milagro, la Romanza de la Estrella de Wolfram, que Christian Gerhaher convirtió, con la total complicidad de Petrenko, en un susurro de extrema sutileza, de una fuerza poética indescriptible, culminación de una soberbia encarnación en la que el barítono alemán hizo gala de sus mejores armas liederísticas. Elena Pankratova fue una Venus de voz penetrante y firmes acentos; Georg Zeppenfeld, un Heinrich de cálida humanidad, y en el bien conjuntado equipo de caballeros destacó el Walther de Dean Power, con un fraseo meticuloso en su canción del segundo acto –inserto de la versión de Dresden en una lectura que siguió básicamente la versión de Viena de la partitura–.
Romeo Castellucci es uno de los creadores escénicos más fascinantes y radicales del momento, pero a diferencia de anteriores montajes operísticos, esta vez su marcado sentido estético, su gusto por las alusiones simbólicas más que a la reproducción naturalista corría el riesgo de dejar desconcertado al público. El arco –empleado como arma cazadora y como arpa– y la flecha fueron, de la mano de una cohorte de amazonas con el pecho desnudo, dos elementos conductores de un montaje que rehuía de forma consciente las dualidades usualmente asociadas a Tannhäuser. Así, Venus era una bien poco deseable masa de carne de pechos enormes –como las figuras prehistóricas de la fecundidad– mientras Elizabeth aparecía con una túnica con la imagen de una mujer desnuda. En el último acto, dos tumbas con los nombres de Anja y Klaus ven sucederse dos réplicas de cadáver en creciente grado de putrefacción hasta que solo quedan las cenizas de los dos amantes que sus intérpretes mezclan, en la imagen final de una producción desconcertante redimida por un nivel musical excepcional.  * Xavier CESTER
 
 
 
 
 
 
 
Contáctanos
 
Dir:C/ Loreto 13-15, Esc. B. entlo 1ª, 08029,- BARCELONA
 
Tel: (+ 34) 93 319 13 00