Teatro Real
Concierto DIANA DAMRAU
Obras de Giacomo Meyerbeer, Gioachino Rossini, Louis Joseph Ferdinand Hérold y Richard Wagner. Orquesta y Coro Titulares. Dirección: Francesco Ivan Ciampa. 28 de mayo de 2017. 
 
Es sabido que Meyerbeer no sobrevivió al siglo XX y a sus exigencias estéticas: demasiado melódico, demasiado sentimental, demasiado azucarado, demasiado cursi, en una palabra. El veredicto no parece tener remedio, aunque es injusto. Primero, porque algunos de los fundamentos de la música de lo que fue una vez el futuro se inspiraron en Meyerbeer. ¿Qué habría sido de Wagner sin el precedente de la grand opéra, un género al que tanto debe a pesar de su inquina hacia él y hacia su gran representante alemán, judío y cosmopolita?
Además, si lo que se reprocha a Meyerbeer y a su estética teatral es ese carácter de puro espectáculo –lo que Wagner indicó con su demoledor “efectos sin causa”– es posible que no se ande tan lejos, salvadas todas las distancias ideológicas, de ese punto en el que el antiguo género de la ópera se ha convertido en espectáculo, como un musical de grandes medios y grandes pretensiones… De ahí el interés de un recital como el que Diana Damrau ofreció en el Teatro Real, dedicado a Meyerbeer y su tiempo, proyecto que también ha llevado al disco (ver crítica en ÓPERA ACTUAL 203).
La soprano alemana comprendió hace tiempo que su maravillosa voz se iba ensanchando y enriqueciendo con registros graves, sin perder por ello ni la untuosidad y el empaste que la caracteriza, ni el brillo ni la transparencia, ni la perfección técnica que le permite mantener una línea de canto sin la menor fisura. Así es como llega a estas arias de Meyerbeer, que requieren, además de cantantes impecables en lo técnico, tomarse en serio el espectáculo para ir más allá y sacar a la luz la humanidad dramática de cada personaje.
La selección también fue inteligente, con arias bien conocidas –“Ombre légère” de Dinorah y la reflexiva y extática “Robert, toi que j’aime”– y otras inéditas como “Sulla rupe triste e sola” de Emma di Resburgo, con su brillantísima cabaletta. Para completar el panorama, el programa ofreció cuatro oberturas de primera categoría, relacionadas todas en algún sentido con la grand opéra y su concepto del teatro, desde la ópera seria a la opéra comique: una desahuciada, como la de Zampa de Hérold; otra casi olvidada, como la de Dinorah, y otras dos más cursadas, la de Semiramide de Rossini y la de Rienzi de Wagner, que andará revolviéndose en la tumba al verse en semejante compañía. La Orquesta Titular del Real –también el Coro– estuvo magnífica, bien dirigida, con aplomo, tensión y energía por Francesco Ivan Ciampa, que supo compatibilizar la riqueza instrumental, casi agobiante, de esta música con el imprescindible cuidado a la auténtica protagonista.  * José María MARCO
 
 
 
 
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