Staatsoper
Puccini TOSCA
Martina Serafin, Aleksandrs Antonenko, Marco Vratogna, Paolo Rumetz, Wolfram Igor Derntl, Clemens Unterreiner. Dirección: Eivind Gullberg Jensen. Dirección de escena: Margarita Wallmann. 11 de mayo de 2017. 
 
 
Aleksandrs Antonenko y Martina Serafin protagonizaron la última función de Tosca en Viena © Staatsoper / Michael Pöhn
 
Esta representación era la tercera y última de una breve serie en que la primera fue cantada por Angela Gheorghiu y Jonas Kaufmann y que en la segunda vio como una –oficialmente– indispuesta Gheorghiu era sustituida por Martina Serafin, mientras que en esta tercera cancelaba Kaufmann, que enfermaba el día anterior. Ello no obstante, y pese a la decepción de los partidarios de ambos cantantes, la función, con las entradas agotadas, fue aclamada por el público. La orquesta interpretó la partitura de manera excelente y su director, el noruego Eivind Gullberg Jensen, que aquí debutaba, eligió correctamente los tempi y su interpretación tuvo la necesaria tensión. Una representación que con la contribución del movimiento escénico, tuvo auténtica vibración.
El tenor letón Aleksandrs Antonenko, que reside en Viena, sustituyó a Kaufmann y como Cavaradossi ofreció una prestación tan robusta como acertada: su emisión se escuchó firme desde las notas más graves a sus trompeteantes agudos y mostró las cartas de un vero tenore perfectamente adaptado al estilo italiano. Su actuación escénica, sin embargo, no pasó de discreta, pero armonizó bien con la protagonista femenina, Martina Serafin, que hace un año y medio tuvo aquí un accidente precisamente cantando el papel de Tosca y se fracturó una pierna. Su voz no posee la paleta de colores de Gheorghiu, pero su desempeño resultó muy adecuado con un centro vocal muy bien asentado, con fuerza dramática –tanto vocal como escénica– y sin notas estridentes que pudieran estropear su entrega, permitiéndole presentarse como una diva y una amante con toda propiedad. Dos figuras, en definitiva, de las que puede decirse que, sin tanta publicidad, estuvieron igual o mejor que los mediáticos colegas a los que sustituían.
El Barón Scarpia es uno de los mejores papeles de Marco Vratogna, creíble como personaje; es un cantante de experiencia probada, aun sin que haya consolidado un lugar en la primera fila de la lírica internacional. Del comprimariado merecen ser destacados Paolo Rumetz (Sacristán), Wolfram Igor Derntl (Spoletta) y Clemens Unterreiner (Angelotti). Todos cantaron correctamente y el coro de la Staatsoper alcanzó un nivel equilibrado en la última escena del primer acto.  * Gerhard OTTINGER
 
 
 
 
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