Theater an der Wien
Henze ELEGIE FÜR JUNGE LIEBENDE (Elegía para jóvenes amantes)
Johan Reuter, Laura Aikin, Angelika Kirchschlager, Martin Winkler, Anna Lucia Richter, Paul Schweinester. Dirección: Marc Albrecht. Dirección de escena: Keith Warner. 7 de mayo de 2017. 
 
 
La última producción de la temporada del Theater an der Wien fue la ópera de Hans Werner Henze Elegía para jóvenes amantes, que tuvo su primera representación en Schwetzingen en 1961 con Dietrich Fischer-Dieskau en el rol protagonista del poeta Georg Mittenhofer, quien se inspiraba para sus obras elegíacas en las peripecias humanas que le rodeaban y que dejó finalmente que los jóvenes amantes Elisabeth (su última Musa) y Toni fuesen hacia su muerte en las montañas austríacas. El libreto original en inglés era de Wystan Hugh Auden y Chester Kallman, pero aquí la obra fue representada en alemán. La versión original tenía una duración de tres horas y media pero en su segunda versión (Leipzig, 1991) se redujo a una hora menos. En esta ocasión se optó por una solución mixta que, pese a la duración del tercer acto, hizo un gran efecto. Contribuyó a ello la excelente producción escénica de Keith Warner y a la potente escenografía de Es Devlin, con fondo negro y una escena móvil en una ambientación helada y abstracta. El vestuario de Tom Rand completó el convincente panorama.
Marc Albrecht ya había dirigido anteriormente otras obras de Henze pero no esta, y lo hizo con total precisión, sutileza y la gran capacidad estructural que suele mostrar la excelencia de una dirección musical, poniendo de relieve toda la diversidad y la transparencia de una música siempre respetuosa de las voces. La Sinfónica de Viena, por su parte, ofreció un sonido de la mejor calidad.
Esta obra, el drama de un artista centrado en sí mismo, no necesita coro y el plantel de solistas se limita a seis cantantes y un actor (Martin Berger, en el papel del guía de montaña Josef Mauer). El barítono danés Johan Reuter hizo anunciar que estaba afectado por una laringitis, pero causó una magnífica impresión en el rol de Mittenhofer. Laura Aikin fue Hilda Mack, una personalidad oscilante entre la realidad y la locura, y la cantante lo hizo de forma brillante. Angelika Kirchschlager, por su parte, ofreció asimismo una interpretación sobresaliente tanto en la escena como en el canto como la Condesa de Kirchstetten, secretaria der Mittenhofer.
Martin Winkler, perteneciente a la compañía de la Volksoper, debutaba en este teatro en el papel del médico Wilhelm Reichsmann. Encarnando a los jóvenes amantes, Anna Luisa Richter gustó mucho como Elisabeth Zimmer y el tenor Paul Schweinester se apuntó a la corrección aunque su voz no sea precisamente extraordinaria. Una ópera raramente programada que posiblemente no gustará a todo el mundo pero que tuvo en esta ocasión un pleno éxito gracias a una ejemplar producción.  * Gerhard OTTINGER
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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