Prokofiev EL ÁNGEL DE FUEGO
Aursine Stundyte, Leigh Melrose, Liliana Nikiteanu, Dmitry Golovnin, Agniezska Rehlis, Pavel Daniluk, Stanislav Vorobyov, Iain Milne, Andrzej Filonczyk, Dimitri Pkhaladze, Soyoung Lee, Deniz Uzun, Ernst Alisch. Dirección: Gianandrea Noseda. Dirección de escena: Calixto Bieito. 8 de mayo de 2017.
 
 Zúrich confió en Calixto Bieito la producción de El ángel de fuego © Opernhaus / Monika Rittershaus
 
El ángel de fuego de Prokofiev es una ópera intensa y sobrecogedora. Tanto desde el punto de vista dramático como del musical, comparable con Lady Macbeth de Mtensk o Elektra por esa intensidad dramático-musical. Basada en la novela de Valeri Briúsov, referente del simbolismo ruso, narra la obstinación de Renata, su protagonista, por reencontrarse con un ángel-amigo imaginario de infancia, por quien siente un amor obsesivo. Este recorrido la lleva al trágico desenlace, en plena época de la Inquisición, de ser exorcizada y, finalmente, quemada en la hoguera.
Calixto Bieito triunfó de manera contundente en Zúrich, donde ahondó su relato en los abusos sexuales infantiles y las consecuencias traumáticas que les persiguen. Renata es una joven que vive obsesionada en reencontrarse con ese ángel abusador, y el recuerdo de su infancia y su bicicleta le permiten mantener la obstinación hasta el final. Madiel, el ángel, y el Conde von Otterheim son dos personajes clave de la historia que nunca aparecen en escena. El segundo es determinante para la evolución de la historia y Bieito lo hace personarse como el viejo por el que la joven Renata siente esa obsesión enfermiza, hasta que se percata de que este Henrich nunca fue su ángel imaginario, sino el depravado abusador de infancia.
La magia y la hechicería son aquí médicos y hombres ufanos que beben whisky entre perros. Bieito compone junto a la escenógrafa Rebecca Ringst un espacio cúbico giratorio en el que las escenas se van sucediendo en distintos puntos del cubo, como en el flashback inicial, en el que Renata cuenta su historia de infancia y se muestra la escena de niña, en lo alto del escenario. El cubo se descompone lentamente para la escena del convento de monjas y con la quema final de Renata junto a su bicicleta. El director español realiza una lectura profunda e impactante, en la que no abusa de las escenas que tanto le han caracterizado a lo largo de su carrera y compone uno de los mejores trabajos que se le han visto.
Musicalmente, Ginandrea Noseda, al frente de la Philarmonia Zürich, consiguió mantener la tensión musical en el foso y sacó el máximo rendimiento de la formación suiza, ofreciendo una versión memorable de la obra de Prokofiev. El director italiano, que conoce bien el repertorio ruso gracias a su etapa junto a Gergiev, se ajustó a la propuesta de Bieito de mantener el espectáculo en las dos horas sin pausa. Ello mantuvo en vilo al espectador sin posibilidad alguna de relajación y añadió dificultad al conjunto, precisamente por mantener esa tensión dramático-musical.
Sobre todo, la mayor complicación fue para la protagonista, encarnada por  Ausrine Sundyte. La soprano lituana, actual musa de Bieito, estuvo descomunal como Renata, sin dar tregua ni aflojar en ningún momento. Dotada de un timbre penetrante y una voz de importante volumen, su interpretación fue intensa y arrolladora. A su lado, el barítono británico Leigh Melrose propuso un Ruprecht subyugado a su amor imposible, de magnífica entrega dramática y de voz baritonal bien proyectada. Junto a Stundyte fue uno de los ejes vocales de la ópera.
Sobresalió también el tenor ruso Dmitry Golovnin en el doble papel del hechicero Agrippa y Mephistopheles, consiguiendo sobrepasar los potentes decibelios orquestales. El bajo ucraniano Pavel Daniluk como Inquisidor, dotado de un profundo timbre de importante sonoridad, compuso, junto a la magnífica prestación del coro, una escena final de gran impacto y conmoción.  * Albert GARRIGA
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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