Gran Teatre del Liceu
Wagner EL HOLANDÉS ERRANTE
Albert Dohmen, Attila Jun, Elena Popovskaya, Timothy Richards, Itxaro Mentxaka, Mikeldi Atxalandabaso. Dirección: Oksana Lyniv. Dirección de escena: Philipp Stölzl. 2 de mayo de 2017.
 
Dos instantes de la representación de El Holandés errante en Barcelona © Gran Teatre del Liceu / Antoni Bofill
 
Esta producción estrenada en la Ópera de Basilea transforma la historia ideada por Wagner en el romántico sueño de una joven a la que su padre obliga a casarse con un hombre supuestamente rico de mucha mayor edad. Senta, en esta propuesta con dirección de escena de Philipp Stölzl, pasa sus días ensimismada leyendo la historia del Holandés y su recreación onírica se reproduce en un enorme cuadro que preside la aburguesada biblioteca de Daland como si de otro escenario se tratase. La joven vive confundida entre la leyenda del atormentado marino que ofrece ricos tesoros por un amor que le redima y un avejentado prometido que nada tiene que ver con ella.
 
La cuidada escenografía del propio Stölzl y Conrad Moritz Reinhardt tiene un gran atractivo y funciona bastante bien como escenario único, pero variado y sorprendente, que se ofreció sin interrupciones. Hay detalles de gran ingenio, como la llegada de ambos navíos a la costa o la interacción de los personajes y el coro, pero también recursos poco inspirados, como las hilanderas convertidas en un ejército de limpiadoras o el dúo del Holandés y Senta en dos planos diferentes que no acaban de funcionar a nivel musical. Sorprende al espectador un final muy alejado del espíritu musical y artístico de Wagner, convirtiendo el acto de amor redentor del sacrificio de Senta, que en el original se lanza al mar, en un tosco suicidio de la joven, más como huida de su triste futura vida conyugal que como esperanza de encontrar un amor inmortal.
 
La ucraniana Oksana Lyniv sorprendió desde la obertura con una dirección muy potente y dramática, sin descuidar los detalles y la exquisitez de los pasajes más líricos. Su Wagner tuvo personalidad y estilo y la Simfònica liceísta respondió con emotividad y talento a pesar de algún desliz en los metales y en la conjunción sonora. Del reparto destacó especialmente el Daland de Attila Jun en un personaje que le va como anillo al dedo y el experimentado Albert Dohmen como Holandés, por autoridad y adecuación al rol. Sorprendió la impactante soprano moscovita Elena Popovskaya como una Senta de gran poderío vocal, quizás por momentos algo ruda y con algún agudo un punto descontrolado, pero de gran eficacia en uno de los papeles de mayor dificultad del repertorio. El Erik de Timothy Richards aportó una voz algo más dramática y consistente de lo habitual. Muy correcto Mikeldi Atxalandabaso como Timonel y siempre eficaz la mezzo Itxaro Mentxaca como Mary.
Una producción de bella factura, bastante original en su presentación, pero con un complejo entramado psicológico y alguna escena un tanto rebuscada que fue recibida con interés y aplausos por el público del Liceu.  * Fernando SANS RIVIÈRE
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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