Teatro alla Scala.
Rossini LA GAZZA LADRA
Rosa Feola, Edgardo Rocha, Paolo Bordogna, Michele Pertusi, Teresa Iervolino, Alex Esposito, Serena Malfi, Matteo Macchioni, Claudio Levantino, Giovanni Romeo, Matteo Mezzaro. Diección: Riccardo Chailly. Dirección de escena: Gabriele Salvatore. 12 de abril de 2017.
 
Gabriele Salvatore se encargó de la puesta en escena de La gazza ladra en Milán © Teatro alla Scala / Brescia e Amisano
 
A 200 años vista de la primera representación, en mayo de 1817, y a 176 de su última puesta en escena en Milán (enero de 1841), volvía a La Scala La gazza ladra. El final de la obertura fue saludado con una imprevisible manifestación de rechazo localizada en el gallinero: puede tratarse probablemente de la primera vez en que el autor del abucheo haya sido inmediatamente identificado y que el autor de tal proeza se haya confesado a la prensa como tal, atribuyendo al director Riccardo Chailly una dirección “monótona y antirossiniana”.
 
El solo hecho, por otra parte, de airear una incidencia de esta gravedad es prueba evidente de que corren malos tiempos. Hubiera podido, en otro caso, atribuirse la protesta al autor de la puesta en escena, el oscarizado Gabriele Salvatore, que inició su participación en el espectáculo amenizando la obertura con la intervención de una urraca, un acróbata en este caso, incluida en el juego metateatral de las marionetas de la compañía Carlo Colla.
En el transcurso de la obra no faltaron otros abucheos alternándose con las fragorosas ovaciones y los piques entre los espectadores de las alturas. Con ocasión de los saludos finales dieron entre todos otro espectáculo dentro del espectáculo con gritos de “basta”, “ya está bien”, “reprimidos” o “haberos quedado en casa”. ¿Podía acaso censurarse sin el menor respeto la dirección ejemplar de un rossiniano con denominación de origen como Chailly? Y menos mal que la velada estaba dedicada a la memoria de Alberto Zedda.
 
El reparto dio la impresión de ser de un nivel óptimo, empezando por la agraciada protagonista, Rosa Feola, dotada de una voz lírica de agradable timbre y dominadora de las dinámicas. Junto a ella gustó el tenor uruguayo Edgardo Rocha, un típico contraltino para defender un papel particularmente agudo. Fue un verdadero lujo poder disponer en los papeles marginales de artistas como el barítono Paolo Bordogna y la mezzo Teresa Iervolino, respectivamente Fabrizio Vingradito y su mujer Lucia. Muy bien los dos bajos, Alex Esposito como Fernando Villabella y Michele Pertusi, un Podestà particularmente odioso al que dotó de la máxima autoridad interpretativa.
La mezzosoprano Serena Malfi (Pippo) tuvo una intervención menos apreciada, pero dio el papel. En roles de responsabilidad menor destacaron el Isacco de Matteo Macchioni, un tenor ya consolidado en papeles mozartianos, Matteo Mezzaro como el carcelero Antonio y los bien distribuidos Giorgio / Pastor del bajo Claudio Levantino y el Ernesto del barítono Giovanni Romeo.
 
La representación transcurrió sin dejar rastro en el aspecto escénico. Ni la escenografía ni el vestuario, este de Gian Maurizio Fercioni, tuvieron signos distintivos característicos. Uno más de esos espectáculos que “no molestan”. Cosa, por cierto, que en las nuevas producciones de La Scala empieza a molestar.  * Andrea MERLI
 
 

 

 
 
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