Teatro Giuseppe Verdi
Wagner TRISTAN UND ISOLDE
Bryan Register, Allison Oakes, Alexey Birkus, Nicolò Ceriani, Susanne Resmark, Motoharu Takei, Andrea Schifaudo, Dax Velenich, Hitoshi Fujiyama. Dirección: Christopher Franklin. Dirección  de escena: Guglielmo Ferro. 7 de abril de 2017.
 
Guglielmo Ferro firmó la producción de Tristan und Isolde en Trieste © Teatro Giuseppe Verdi / Fabio Parenzan
 
Una nueva edición en Italia del Tristan und Isolde wagneriano supone siempre un motivo de interés, especialmente si se encarga de prepararla una entidad de consolidada tradición wagneriana como el Teatro Verdi de Trieste. Fue un placer poder gozar de esta música fascinante gracias al excepcional rendimiento de la orquesta dirigida por ese magnífico director que es Christopher Franklin, en una lectura de gran tensión dramática, con la valiosa intervención del coro preparado por Francesca Tosi en el primer acto, lectura que se hizo voluptuosa en el gran dúo del segundo acto y espasmódica en el tercero, con la angustiosa espera del barco en que debe llegar la protagonista.
El reparto presentaba una pareja principal sólida y fiable con el tenor norteamericano Bryan Register, con una voz perfectamente adecuada al papel, de color baritonal y con un registro agudo luminoso, y la soprano inglesa Allison Oakes, de voz lírica y plena y bien timbrado registro superior. La defección de Roberto Sandiuzzi, que debía debutar el papel de Marke, fue compensada con la positiva presencia del bajo bielorruso Alexey Birkus, complaciendo asimismo el Kurwenal interpretado por el barítono triestino Nicolò Ceriani, de voz robusta y bien proyectada, traduciendo la rústica y afectuosa humanidad del fiel escudero.
 
La mezzosoprano escandinava Susanne Resmark dio vida a una Brangäne creíble y eficaz tanto escénica como musicalmente. Buenas intervenciones asimismo las del Melot del tenor japonés Motohara Takei, el Timonel del barítono de la misma nacionalidad Hitoshi Fujiyama, el joven marinero del tenor Andrea Schifaudo y el pastor del tenor Dax Velenich.
El espectáculo tuvo un adecuado componente visivo gracias a la bella y austera escenografía diseñada por Pier Paolo Bisleri, que bajo la perspectiva de un severo minimalismo supo garantizar una perfecta localización de lugares y espacios. El interior del barco que se dirige a Cornualles, con un gigantesco palo mayor y el mar al fondo, acoge como único mobiliario un diván de psicoanalista dentro de la tienda dorada mientras en los otros dominan el bosque de abedules  para el segundo y las almenas del castillo en el tercero. Sencillo pero adecuado el vestuario de Virginia Carnabuci, mientras que la dirección escénica no se dejó tentar por las superinterpretaciones y/o falseamientos de la dramaturgia, prefiriendo una lectura clara que permitía, aun sin la lectura de los sobretítulos, entender lo que estaba sucediendo.  * Andrea MERLI
 
 
 
 
 
 
 
 
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