Teatro Real
Ginastera BOMARZO
John Daszak, Germán Olvera, Damián del Castillo, James Creswell, Hilary Summers, Milijana Nikolic, Nicola Beller Carbone, Thomas Oliemans, Albert Casals, Francis Tojar. Dirección: David Afkham. Dirección de escena: Pierre Audi. 24 de abril de 2017.
 
 John Daszak protagonizó Bomarzo en Madrid © Teatro Real / Javier del Real
 
Bomarzo, la ópera del compositor argentino Alberto Ginastera, no se había puesto en escena en España, por lo que su estreno en el Teatro Real era un acontecimiento musical y cultural de primer orden. Es una obra de gran ambición estética, escrita entre 1966 y 1967, estrenada en Washington ese último año y prohibida por el gobierno argentino por razones de decoro y buenas costumbres; está basada en la novela homónima de Mujica Láinez, que relata las fantasías del duque de Bomarzo, el mismo que en el siglo XVI levantó un jardín manierista en el centro de Italia. El jardín fascinó a las vanguardias estéticas del siglo pasado por sus esculturas monumentales y monstruosas.
 
Ginastera compuso él mismo el libreto, que en un flash back de quince cuadros va relatando los desastres sentimentales del duque, desde la infancia en la que sus hermanos se burlan de su joroba y su timidez, hasta su complicada relación con su esposa, Julia Farnese, pasando por el acceso al ducado, todo convenientemente atormentado y truculento: perversiones, crímenes, blasfemias… No falta de nada. El libreto, bien articulado en lo narrativo, falla en la letra, porque los personajes, sobre todo el protagonista, se dedican a relatar a los espectadores lo que le está ocurriendo y, aún peor, lo que están sintiendo. Lo compensa una música sumamente expresiva, de una riqueza y una suntuosidad extraordinarias, y una línea de canto mantenida a lo largo de la obra.
 
Ginastera se inspiró en Wozzeck para la estructura en episodios con interludios orquestales y siguió su propia inspiración en cuanto al tratamiento del material cantado. Es una obra casi imposible para el protagonista: además de no abandonar la escena, requiere de él múltiples registros expresivos dentro del imponente dramatismo del personaje. Lo encarnó con brillantez el tenor británico John Daszak, de voz potente y calibrada, que supo dar al rol, tan próximo a la parodia, la humanidad necesaria. El barítono Germán Olvera, con un instrumento de matices sombríos y a veces temibles, dio vida a un siniestro Girolamo. La contralto Hilary Summers empezó con poco volumen, pero luego recuperó la energía necesaria para hacer valer a la muy política Diana Orsini. Preciosa la voz de la mezzo Milijana Nikolic, rotunda y sensual, en el papel de la cortesana florentina Pantasilea. Muy bien Damián del Castillo (Maerbale), James Creswell (Gian Corrado Orsini) y Nicola Beller Carbone (Julia Farnese). Estupenda Patricia Redondo con su canción tradicional de pastorcillo.
La dirección del gran David Afkham supo, en general, respetar a los cantantes y resaltar todos los matices de una orquestación apabullante con una percusión reforzada, ya desde el prólogo siniestro hasta los más salvajes aullidos de desesperación. Estupendos el Coro y la Orquesta titulares del Teatro. La puesta en escena, a cargo de Pierre Audi, huyó de la representación literal de los monstruos de Bomarzo y organizó un espacio abstracto en el cual unos cuantos elementos luminosos y unos esbozos decorativos bastaron para variar la atmósfera y sugerir los lugares de la acción. Abusó, en cambio, de las proyecciones, esa plaga de la ópera de hoy en día, que llevan a reiterar lo que ya dicen –y con demasiada locuacidad en este caso– la orquesta y los propios personajes.  * José María MARCO

 

 
 
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