Opéra Bastille
Rimsky-Kórsakov LA DONCELLA DE LAS NIEVES
Aida Garifullina, Yuri Mynenko, Martina Serafin, Maxim Paster, Thomas Johannes Mayer, Ekaterina Semenchuk, Vladimir Ognovenko, Franz Hawlata, Vasily Gorshkov, Carole Wilson. Dirección: Mikhail Tatarnikov. Dirección de escena: Dimitri Tcherniakov. 15 abril de 2017.
 
Dos de detalles de la producción de La doncella de las nieves de Dmitri Tcherniakov © Opéra National de Paris / Elisa Haberer
 
Nicolai Rimsky-Korsakov escribió el libreto de esta ópera a partir de un cuento de Alexandre Ostrovski, basado en relatos de la Rusia ancestral. Dimitri Tcherniakov algo debió torcer el hilo del relato, puesto que hizo de Padre hielo y Señora Primavera, los progenitores de Snegurotchka (la protagonista, en español, La doncella de las nieves), rectores de un colegio de párvulos. La hija, ya convertida en una adolescente, salió del seno familiar para vivir con los Bérendeis. Con ellos encontró a Lel, pastor y bardo. La llegada de Mizguir, un ricachón del pueblo vecino, y sus amigos, transformó la situación, a la que siguieron momentos de malentendidos dignos de las comedias de enredo, hasta que por fin tuvo lugar el encuentro entre la muchacha y su madre en una escena de gran valor musical y emotiva. El Zar de los Bérendeis dio luego al bardo la posibilidad de quedarse con Snegurotchka. Él prefirió a Kupava, la antigua novia de Mizguir, abandonada por el millonario en el primer acto. Snegourotchka, acuciada por las solicitaciones de Mizguir, se enamoró súbitamente del millonario y, cuando todo parecía ya resuelto satisfactoriamente para cada uno, la muchacha, que era de nieve, se fundió al calor del sol de la primavera.
 
Si se pudieron objetar puntos flacos en la historia, cúlpese de ello a Ostrovski y/o a los principios y vocabulario de su época. No por ello se disminuya el valor musical de la pieza de Rimsky-Korsakov, que Mikhail Tatarnikov dirigió con mucha atención y mayor sensibilidad a lo largo de los cuatro actos y un prólogo de la pieza. Desde el punto de vista vocal aplaudió el público, en particular al coro, como de costumbre muy bien preparado por José Luis Basso.
 
De entre los múltiples solistas sobresalió Aida Garifullina en el papel principal: su voz, sólida y segura, no le impidió expresarse con la dulzura que se supone debe tener una muchacha hecha de nieve. Mantuvo con tacto y ciencia los tempi lentos –los más difíciles de su partitura– sin dudas ni temores visibles, emitió agudos como soles –valga la expresión– e hizo del legato el punto fuerte de sus largas elucubraciones sobre la visión que tenía del mundo exterior y de la evolución de sus pensamientos a medida que iba entrando en la vida de los adultos.
No se olvide el trabajo del contratenor Yuri Mynenko (Lel), en particular en los momentos más líricos de su particella. Si mucho se aplaudió a Thomas Johannes Mayer (Mizguir) fue por su presencia física y su trabajo dramático, ya que aunque el barítono dispone de un buen instrumento vocal y de una emisión más bien oscura, como convenía, su falta total de legato no le permitió transmitir a la sala toda la fuerza de su personaje. Martina Serafin fue una Kupava de gran solidez vocal; transmitió fuerza y entereza y por ello se le pudo perdonar algún que otro grito fuera de control. El tenor ucraniano Maxim Paster dio del zar Bérendei una interpretación magistral, bien secundado por su ayuda de cámara Bermiata, interpretado por FranzHawlata.  * Jaume ESTAPÀ
 
 
 
 
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