Auditorio Nacional

J. S: Bach PASIÓN SEGÚN SAN MATEO

Maximilian Schmitt, Florian Boesch, Dorothée Mields, Grace Davidson, Damien Guillon, Alex Potter, Reinoud van Mechelen, Thomas Hobbs, Peter Kooij, Tobias Berndt. Collegium Vocale Gent. Dirección: Philippe Herreweghe. 9 de abril 2017.

 

El Domingo de Ramos se celebró en el Auditorio Nacional con la Pasión según san Mateo –la de Bach, claro– en la versión de Philippe Herreweghe al frente de su formación coral y orquestal del Collegium Vocale Gent, venidos ex profeso a Madrid. Como era de esperar, Herreweghe fue fiel a sus planteamientos y a su historia: precisión, equilibrio, atención al detalle, belleza instrumental y perfección en el coro, dividido en dos, como la orquesta, según la distribución de los músicos y los cantantes en la iglesia de Santo Tomas, de Leipzig.

En realidad, sería más adecuado hablar de varias propuestas, o varias Pasiones, más concretamente tres, bien diferenciadas. Una es la narración a cargo del bajo continuo acompañando al Evangelista y a Jesucristo: magníficamente interpretado el primero por el tenor Maximilian Schmitt, de voz segura, expresiva, bien centrada y bien proyectada, y con una excelente interpretación, para el segundo, a cargo del bajo Florian Boesch, que matizó hasta lo inaudito cada una de sus breves intervenciones. Fue lo mejor de la velada, con matices, dinámicas y colores variados y dramáticos.

 

Por otro lado están los corales luteranos, que requieren una especial sobriedad expresiva que en este caso, sobre todo en la primera parte, sonó casi rutinaria. No hay duda de la prodigiosa técnica del coro, pero si se sustrae la emoción de la que estos corales son portadores, todo el edificio musical de la Pasión, que es una declaración de fe cristiana por parte de la comunidad de creyentes de la iglesia de Santo Tomás, pierde su sentido primero… sin recuperar ningún otro.

Y por fin, están los comentarios a lo ocurrido por parte del artista, es decir del propio Bach. Aquí es donde la velada falló. La Pasión según san Mateo es obra de intenso dramatismo, pero también de cierta inocencia expresiva, casi ingenua. Resulta difícil combinar los dos registros pero, de suprimir alguna de ellas, la obra vuelve a cojear. Aquí se acentuó un poco demasiado el cuidado estético, lo que resultó en un tono casi galante. Quedaron desmerecidas la calidad de las intervenciones de los solistas instrumentales: los dos violines, la viola de gamba y los oboes. No salieron al rescate las voces, pequeñas y muy alejadas de la expresividad que requieren estas arias y que se le exige, como es natural, a quienes cantan el Evangelista y Jesús. Herreweghe utiliza de solistas a los cantantes del coro: una opción práctica y económica, hay que reconocer. Hubo sus más y sus menos, y destacaron el tenor Reinoud Van Mechelen y el bajo Peter Kooij. Lo peor fueron los contratenores, en particular Damien Guillon, destemplado, metálico y fuera de estilo y de tono en sus muy importantes intervenciones. Tampoco la incorporación de contratenores al coro resulta convincente, por degradar el timbre.

 

En resumen, una Pasión de gran calidad, como era de esperar, pero desequilibrada y no siempre inspirada. Deconstruida, por utilizar una sola palabra, o deconstructa, que resulta más barroco. El público, eso sí, recompensó el esfuerzo de los músicos con una gran ovación.  * José María MARCO

 

 

 
 
 
 
 
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