Teatro Real
Händel RODELINDA
Lucy Crowe, Bejun Mehta, Jeremy Ovenden, Sonia Prina, Lawrence Zazzo, Umberto Chiummo, Fabián Augusto Gómez (actor). Dirección: Ivor Bolton. Dirección de escena: Claus Guth. 5 de abril.
 
Pie de foto: Claus Guth firmó la puesta en escena de Rodelinda en Madrid© Teatro Real / Javier del Real
 
Si el valor esencial de cualquier montaje de ópera se cifra en hasta qué punto puede sacar al espectador de su zona de confort para interrogarle sobre ciertos conflictos perpetuos, este montaje superó con creces las expectativas. Y si a eso se le suma el hecho de ser una ópera barroca, con ese complejo entramado de personajes en el que el arquetipo cunde a su antojo, el resultado es mucho más que sorprendente. Rodelinda trata sobre la fidelidad conyugal en su sentido más extremo; es una especie de Penélope bajo el signo de la desesperanza sin Ulises que regrese. Pero la visión de Claus Guth pasa por darle el protagonismo al único personaje mudo de la ópera: Flavio, el hijo de Rodelinda y Bertarido. Así, dentro de una casa victoriana giratoria, el niño se convierte en la piedra angular y las consecuencias de cada acción de un adulto se van haciendo patentes en el mundo de Flavio, que se va poblando de fantasmas. Así, la ópera deja de hablar de la constancia para convertirse en una reflexión sobre el origen del trauma y la soledad de la infancia.
 
Más allá del montaje el reparto tenía varios puntos de interés. El primero de ellos era la presencia del contratenor Bejun Mehta, que se mueve últimamente por un estado de madurez que le ha permitido dejar atrás sus recreaciones histriónicas de juventud. No defraudó: gran caudal de voz, sin cambios de color y entendiendo la esencia dramática del aria da capo como pocos. También rindió a gran nivel Lucy Crowe, sensual y doliente a un tiempo y con una vocalidad brillante, movida con inteligencia en las coloraturas. En sus dúos con Mehta estuvieron los momentos más logrados. Jeremy Ovenden comenzó insuficiente para acabar creando un Grimoaldo notable, algo corto de volumen. Lawrence Zazzo salvó la papeleta de tener que competir con un Mehta en plenitud llevando a su personaje a las antípodas en todos los aspectos. Sonia Prina y Umberto Chiummo se mantuvieron en discretos segundos planos en lo vocal, una por su excesivo vibrato y el otro por su falta de control en la emisión. Conmovedor y perfecto el infantilizado Fabián Augusto Gómez en el papel mudo de Flavio.     
 
La Orquesta Titular del Teatro Real sigue sin ser una orquesta historicista a pesar de los refuerzos especializados, pero el avance es innegable. Si se compara su rendimiento entre aquel Tamerlano de hace casi una década y este título, media un mundo –afortunadamente–. Con un timbre cuidado y articulación más liviana, consiguieron una lectura con la capacidad expresiva necesaria. Ivor Bolton no abusó en los tempi entregando una versión no inspirada pero sí diáfana.
 
Son varios títulos seguidos con los que el Real da en la diana. Siempre se agradece, pero más cuando se hace con óperas esenciales y poco reconocidas como cualquiera de Händel. Que no se detengan.  * Mario MUÑOZ
 
 
 
 
 
 
 
 
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