Teatro Alla Scala
Donizetti ANNA BOLENA
Hibla Gerzmava, Sonia Ganassi, Carlo Colombara, Piero Pretti, Giovanni Sebastiano Sala, Martina Belli, Mattia Denti. Dirección: Ion Marin. Dirección de escena: Marie-Louise Bischofberger. 30 de marzo de 2017.
 
Hibla Gerzmava y Sonia Ganassi, protagonistas de Anna Bolena en Milán © Teatro alla Scala / Brescia e Amisano
 
Han transcurrido 35 años desde el fallo Caballé y se vuelve a las andadas con una ópera que, para decirlo a la española, es gafe para La Scala. Se había hablado de Maria Agresta para el papel protagonista, pero esta no aceptó la invitación. También circuló el nombre de Anna Netrebko, pero la diva prefirió la más tranquila Violetta a una Anna Bolena a la que sería mejor renunciar si no se dispone de una intérprete de primera línea. Prescindiendo por si las moscas del histórico montaje de Visconti –suponiendo que aún exista y no haya sido destruido, como tantos otros bellísimos espectáculos jamás repuestos–, se decidió importar esta producción de la Opéra National de Burdeos, una elección poco afortunada de un espectáculo decididamente feo en el que lo grotesco supera los límites del sentido común. Marie-Louise Bischofberger, viuda de Luc Bondy, firmaba la puesta en escena. El público de la prima la condenó sin apelación, abucheando a los responsables en los saludos finales. En el podio, Ion Marin, con una larga carrera a sus espaldas, no superó un nivel rutinario y autorizó unos cortes en la partitura que hoy se antojan inconcebibles. Bien, como siempre, el coro preparado por el competente Bruno Casoni.
 
Resultó una grata sorpresa la poco o nada conocida Hibla Gerzmava, dotada de una voz sólida y sonora, pese a un timbre un poco vidrioso en el registro superior y un vibrato vagamente molesto, a lo que puede añadirse un “Al dolce guidami” negociado sin la necesaria poesía. En conjunto, sin embargo, podría hablarse de una prestación no exenta de logros, que le valió un triunfo a nivel personal. Sonia Ganassi volvía a un papel que le es ya familiar como el de Seymour y lo resolvió con gran personalidad por estilo y participación escénica. El siempre fiable Carlo Colombara se presentó en esta ocasión lejos de su mejor forma, con una entonación discutible y una emisión menos expansiva de lo habitual (con todo, fue injustamente abucheado). Piero Pretti fue acogido con aplausos y aclamaciones dando prueba de poseer un registro agudo sólido y un fraseo cuidado y noble. Inmejorable el Smeton de Marina Belli y un nombre a seguir el de Giovanni Sebastiano Sala (Hervey), procedente de la Academia de Perfeccionamiento de La Scala. Completaba el reparto el sonoro Rochefort del bajo de Piacenza Mattia Denti.
El público no escatimó el aplauso tras las arias y demás pezzi chiusi, aunque también dejó traslucir pruebas de disconformidad en los cambios de decorado, pero esas reacciones no hacían presagiar la bronca final, que afectaría también a un director musical que volvería a su casa con una buena dosis de palos.  * Andrea MERLI
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
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