The Royal Opera – Covent Garden
Wagner LOS MAESTROS CANTORES
Gwyn Hughes Jones, Rachel Willis Sorensen, Hanna Hipp, Allan Clayton, Stephen Milling, Johannes Martin Kränzle, Bryn Terfel. Dirección: Antonio Pappano. Dirección de escena: Kasper Holten. 31 de marzo de 2017.
 
Bryn Terfel, aquejado de una enfermedad, no pudo completar la representación de Los maestros cantores en Londres © Royal Opera House / Clive Barda
 
Uno de los aspectos fundamentales de esta obra es la relación entre Sachs y Eva. Ella misma explica en el tercer acto que fue Sachs quien la despertó; no se sabe cuándo murió su madre, pero Sachs es su verdadero padre espiritual. Generalmente Eva es un personaje semidormido que despierta gradualmente, pero la Eva concebida por Kaspar Holten –en su producción de despedida del teatro– comienza muy despierta en un templo masónico y sigue despertándose a medida que avanza la obra, hasta terminar en algo insólito: es ella quien azuza a Walther para que rechace el título de maestro. Y cuando este cae víctima de la adulación general y acepta todos los honores que le son conferidos, ella se enoja y se aleja del templo cerrando las puertas tras de sí. Una escena muy similar a la última Flauta mágica de Harry Kupfer en Berlín, en la que Pamina se va sola hacia la Utopía dejando a Tamino vacilante.
Los decorados de Mia Stensgaard son mamotréticos, opresivos; en este templo los aprendices son mozos que atienden a los maestros comensales que llegan con sus parejas; solo tres de ellos son solteros, y esto explica el pánico de Eva al encontrarse con solo un candidato elegible. La acción sin embargo es fluida a pesar de los obstáculos de la escenografía, hay buena Personenregie y los caracteres interactúan con buen sentido.
Este Sachs es un personaje melancólico, por eso su acto de renuncia a la mano de Eva es mucho más fuerte de lo normal, porque había comenzado mucho antes. Bryn Terfel dio tremendo relieve a un Sachs muy humano, con fraseo ejemplar, y cuando la voz ya no daba más de sí tras el quinteto –no hizo anuncio de que estaba enfermo– el público se encontró con un segundo Sachs que llenó el hueco con maestría: James Rutherford, un profesional de primera que sabe lo que es cantar este rol.
Quizá la voz más imponente de la noche fue la de Stephen Milling, quien derrochó un timbre feroz, pleno y dicción crocante como Pogner. Johannes Martin-Kränzle fue un Beckmesser timorato, inseguro, una contradicción ambulante pero de buen corazón, mientras que Sebastian Holecek dio vida a un Kothner bonachón de voz excelente. De los dos pares de enamorados resaltó el Stolzing de Gwyn Hughes Jones, de voz radiante, lírica, con agudo seguro y sin problemas; Allan Clayton fue también un David seguro de sí mismo, de canto y actuación perfectos.
Rachel Willis-Sorensen no impresionó mucho como una Eva que aunque bien actuada resultó vocalmente anodina, sin trino y con vocecita de oscura dicción. En cambio Hanna Hipp descolló como una Magdalena muy despierta y de voz imponente. Cabe destacar el excelente sonido del coro, quizás un poco duro comparado con el anterior de Balsadonna, y la magnífica dirección de Antonio Pappano, que resaltó los sonidos solistas de su maravillosa orquesta, dando vuelo inmenso a los tutti e intimidad y suspense a las secciones camerísticas. Una lectura realmente ¿magistral? * Eduardo BENARROCH

 
 
 
 
 
 
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