Opéra de Dijon
Monteverdi IL RITORNO D’ULISSE IN PATRIA
Rolando Villazón, Magdalena Kozena, Lothar Odinius, Jean Teitgen, Anne-Catherine Gillet, Katerine Watson, Maarten Engeltjes, Mathias Vidal, Callum Thorpe, Emiliano González-Toro, Isabelle Druet, Kresimir Spicer, Jörg Schneider, Elodie Méchain. Dirección: Emmanuelle Haïm. Dirección de escena: Mariame Clément. 31 de marzo de 2017´.
 
 
Dos detalles de la producción de Il ritorno d’Ulisse in patria © Opéra de Dijon / Théâtre des Champs-Élysées / Vincent Pontet
 
Mariame Clément mostró cómo aspectos de la vida actual no son sino repeticiones de los de épocas pasadas. Es decir, cómo mejor comprender y apreciar lo antiguo si se compara con lo actual. Véanse algunos ejemplos: vistió a Eurymaque y a Mélantho, los criados de Pénélope, con los uniformes de Fígaro y de Susana y, en las escenas primeras, Pénélope apareció como un reflejo de la condesa Almaviva, trasladando, con gran tino, la problemática social del siglo XVII a la del siglo siguiente. Vistió también al panzudo personaje Irus de moderno obeso, obsesionado por el fast food. Los decires del gordinflón cuadraron perfectamente con los que se comentan y se oyen hoy sobre los temas de la mala comida y de la polución. Fue este un ejercicio peligroso que la directora puso en práctica solo en algunos momentos. El resultado fue de gran efecto.
La escenografía de Julia Hansen contribuyó no poco a dar fluidez a la historia del retorno de Ulises: unos practicables definieron el espacio del palacio de la esposa; en un escenario secundario, los dioses, transformados en tertulianos de bar de bajo techo, hacían y deshacían el mundo con gran seriedad.
Emmanuelle Haïm ejerció una vez más desde el foso el mando total sobre los cantantes, los músicos y sobre el espectáculo en su conjunto. Su proverbial sabiduría, a la que añadió fineza, tacto, constante respeto del tempo y dotes de mando, imprimió carácter a la obra de Monteverdi, que ella abordaba por vez primera en esta producción. Las más de tres horas de música pasaron como un momento emotivo y agradable.
Rolando Villazón (Ulisse) actuó a su aire, con gran libertad de movimientos; vestido de vejete, ensartó payasadas muy a su gusto, y al del público también a juzgar por las risas y los aplausos. No se amedrentó a la hora de recitar cantando su particella. Si su timbre no cambia al abordar el repertorio barroco, tampoco se observó que hubiese cambiado su emisión. Solo su potencia antigua –innecesaria aquí– se apreció disminuida en provecho de un mayor respeto del texto.
Magdalena Kozena (Pénélope) y los demás cantantes interpretaron con ciencia y arte sus personajes, siempre atentos a las indicaciones de las directoras de la producción. Especial atención obtuvieron, a juzgar por los aplausos, Jörg Schneider en el comprometido rol del rollizo Irus; Kresimir Spicer, una voz cálida al servicio del pastor Eumete, y Anne-Catherine Gillet, en Minerva graciosa y contundente. * Jaume ESTAPÀ

 

 
 
 
 
 
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