Amigos de la Ópera de A Coruña
Recital PRETTY YENDE
Obras de Rossini, Donizetti, Bellini, Meyerbeer, Puccini y Asenjo Barbieri. O. Sinfónica de Galicia. Dirección: Kemal Khan. Teatro Rosalía de Castro, 8 de diciembre de 2017.
 
Amigos de la Ópera de A Coruña no pudo haber elegido mejor para celebrar su 65º aniversario, edad de jubilación para el común de los mortales pero que en el caso de esta asociación no es sino un peldaño más en un incansable trabajo para alcanzar las más altas cotas artísticas desde una escasez de recursos endémica. Su labor en los últimos tres lustros ha devuelto a la ciudad al circuito de los principales teatros nacionales, supliendo falta de medios con audacia en la programación, apostando por una mezcla de talento joven y consolidado a partes iguales, recompensado por un público fiel y exigente. Y esa afición coruñesa fue la que vibró en la noche del día 8 con una de las intérpretes llamada a ser de referencia en los próximos años, la sudafricana Pretty Yende.
La intérprete venía de triunfar en Sevilla como Marie en La fille du regiment, y quizás algunos pensarán que el suyo es un timbre de soprano lírico-ligera, cuando en realidad el material evidencia signos inequívocos de ir ganando peso en el centro, quizás a costa de un registro sobreagudo no tan rutilante como el de otras sopranos de coloratura. Pero está todo lo demás, como exhibió en los dos primeros Rossini que acometió, “En proie a la tristesse” de Le Comte Ory y “Una voce poco fa” de Il barbiere di Siviglia. Partiendo de una impecable dicción y de un trabajo en el fraseo muy destacable, Yende mostró un control absoluto de la emisión, manejando las dinámicas, luciendo una suntuosidad y elegancia en su instrumento.
En la pieza del Comte Ory, el aria fue un pretexto para una cabaletta salpicada de notas agudas y una coloratura de fantasía. Fueron los primeros síntomas de que A Coruña vivía una de esas noches que gusta recordar en el imaginario colectivo. Es difícil tener algo que decir nuevo en la Rosina, un papel tan esquilmado en el repertorio belcantista, y sin embargo Yende encontró su sitio con unas cadencias propias que sorprendieron a los aficionados. Es, además, una intérprete de gran comunicación desde el escenario, lo que la acerca al público y lo hace cómplice de sus guiños, no siempre fáciles en la desnudez de un recital.
Sin desmerecer un ápice las dos páginas de Meyerbeer que interpretó (“Ô beau pays” de Les Huguenots y una fastuosa “Ombre légère” de Dinorah, los platos fuertes del concierto fueron las dos escenas completas de Bellini, un “Ah, non credea mirarti” que enseña el presente artístico de la intérprete y el “Oh! miei fedeli!” que vislumbra hacia dónde camina su voz y su futuro más inmediato. Ella misma reconocía en prensa en la previa del recital que sueña con encarnar en algún momento las reinas donizettianas y, llegado el momento, la Norma. Su Beatrice di Tenda lució un timbre carnoso, seductor en sus largas melodías. Y la Amina enseñó de nuevo esa curiosidad de la intérprete de añadir sello propio a páginas tan manidas, de nuevo con variaciones personalizadas.
Regaló dos propinas al público que abarrotaba el Teatro Rosalía de Castro (cabría preguntarse si un escenario de mayor aforo no habría sido más adecuado, pero Amigos de la Ópera rara vez puede saber de antemano qué teatros públicos puede utilizar para sus actividades). No llamó la atención su notable ejecución del “Oh mio babbino caro” pero sí que se atreviera con “Me llaman la primorosa” como broche final, y pudiendo prejuzgar la teórica falta de afinidad con el repertorio, lo cierto es que no solo sacó adelante la página, sino que además la dotó de particular gracia y simpatía, luciendo una dicción española más que aceptable.
Yende encontró un cómplice imprescindible en su éxito en la batuta de Kamal Khan, que la acompañó de principio a fin y supo guiar a la Sinfónica de Galicia en ese ingrato papel secundario que exige el belcanto, y que no siempre es del gusto de las orquestas. El conjunto coruñés se plegó sin problemas a la exhibición de la joven diva, y evidenció su buen nivel en las piezas sinfónicas, las obertura de Don Pasquale, Beatrice di Tenda y Norma, y el ballet de Le Prophete, quizás la más desubicada del programa por su excesiva duración. El público, sin duda, habría agradecido un aria más de Pretty Yende.  * José Luis JIMÉNEZ