Grand Théâtre de Genève
Strauss, Johann Jr. LE BARON TZIGANE
Jean-Pierre Furlan, Eleonore Marguerre, Christophoros Stamboglis, Marie-Ange Todorovitch, Loïc Félix, Melody Louledjian, Marc Mazuir, Jeannette Fischer, Daniel Djambazian, Wolfgang Barta. Dirección: Stefan Blunier. Dirección de escena: Christian Räth. 19 de diciembre de 2017.
 
En Ginebra se pudo disfrutar de la versión francesa de El barón gitano © Grand Théâtre de Genève / Carole Parodi
 
El Grand Théâtre de Genève subió a escena para las fiestas navideñas, en su efímero teatro l’Opéra des Nations, una versión francesa de El barón gitano de Johann Strauss. Para el público local la versión gala podría facilitar la comprensión, pero quizás le restó algo de chispa a los diálogos originales en alemán. La dirección de escena de Christian Räth tampoco ayudaría a centrar el concepto dramático, que giró en torno a llevar el centro de la historia a un gran tablero de juego –inicialmente una idea ciertamente ingeniosa que podría haber cuajado–, ya que el desbarajuste general acabaría produciendo en el público cierto desconcierto y lógico aburrimiento. Toda opereta debe tener como ingredientes la chisporroteante comedia ligera con una pizca de crítica y dramatismo que le confieran un sabor final agridulce. Aquí, la dirección de escena buscó desplegar la crítica en el expolio, el exilio y la diferencia de clases, ricos y pobres, a través de una lectura algo plana que confirió un resultado bastante desigual. Como en cualquier comedia, los personajes son objeto de burla por sus torpezas, lo que la puesta en escena de Räth saca a flote, pero sin lograr ver más allá de los minados y clásicos estereotipos. Resultó una verdadera pena no profundizar un poco más en el concepto inicial, el del tablero de juego de la búsqueda del tesoro, para solo utilizarlo como marco escénico. Además, el colorido y rico vestuario de Leslie Travers, que también firmó los decorados, no acabó de seguir lo que sucedía en escena.
Musicalmente, el conjunto no superó cierta sensación de mediocridad. La orquesta de Suisse Romande bajo la batuta del joven director bernés Stefan Blunier sonó rítmicamente muy compacta y fue, quizás, el eje en el que se pudo sustentar el espectáculo, a pesar de ciertos momentos de exceso de decibelios y algunos desajustes en metales que afearon su prestación.
Del apartado vocal, la soprano Eleanore Marguere como Sáffi fue lo más sólido de un reparto tintado de irregularidades. Dotada de un bonito y redondo instrumento, la suya fue una interpretación muy emotiva a la vez que compacta. A su lado, el tenor Jean-Pierre Furlan (Barinkay), con un timbre irregular y tosco, no consiguió convencer por una línea de canto algo inestable, a pesar de poseer un agudo de trompeteante brillantez. Marie-Angel Todorovitch propuso una impactante y dramática Czipra, de timbre muy gutural. Melody Louledjian, dotada de un bello y cristalino instrumento, realizó una prestación elegantemente correcta como Arsena. El resto del largo listado de comprimarios cumplió, alguno con más pena que gloria, sin mucho más.  * Albert GARRIGA