English National Opera
Nico Muhly MARNIE
Estreno absoluto
Sasha Cooke, Daniel Okulitch, James Laing, Lesley Garret, Alasdair Elliot, Kathleen Wilkison, Diana Montague. Dirección: Martyn Brabbins. Dirección de escena: Michael Mayer. 1 de diciembre de 2017.
 
Pie de foto: Sasha Cooke fue la protagonista de la première de Marnie en Londres © English National Opera / Richard Hubert Smith
 
 
Marnie se convirtió en un clásico con la película que Alfred Hitchcock estrenó 1964, pero Nico Muhly (n. 1981) demuestra ahora que el cine no es la única vía de abordar el complejo personaje de esta ladrona, obligada a casarse con su jefe cuando este la chantajea para no entregarla a las autoridades. Presa también de su pasado, Marnie solo es capaz de liberarse de sus ataduras cuando finalmente es detenida por la policía. “Soy libre”, dice en su última frase con las esposas ya puestas. Cuando Muhly, de 36 años, decidió escribir una ópera sobre Marnie y sus aventuras, apoyado en el libreto de Nicholas Wright, tenía claro que quería retornar a la novela original de Winston Graham. No solo devuelve la trama al escenario británico, sino que además proporciona un final diferente al de Hitchcock, y abre la puerta al tipo de ambigüedad que la música puede amplificar tan sutilmente.
En junio de 2011, la English National Opera ya presentó el estreno mundial de la opera prima de Muhly, Two Boys, en una coproducción con el Metropolitan de Nueva York. Ahora la historia se repite con el tercer trabajo de este compositor estadounidense, el más joven en ser representado por el Lincoln Center de Nueva York, donde en 2018 se presentará la producción de Marnie.
El personaje protagonista aporta el material perfecto para el género lírico. Traumatizada por un incidente en su infancia, miente y roba a lo largo de toda su vida, cambiando de identidad cada vez que las cosas se le complican. En este sentido, las cuatro sombras que le acompañan durante toda la representación, interpretadas por cuatro cantantes que visten de la misma manera en distintos colores, suponen mucho más que gestos decorativos: reflejan de manera sublime la psicología compleja del personaje, dejando momentos realmente gloriosos, como la escena del diván del psiquiatra. Así mismo, ocho bailarines con traje de gánster suponen los omnipresentes recordatorios de la masculinidad que tanto terror y drama suponen para esta mujer atormentada.
La calidad de las actuaciones centrales puso el sello de este éxito notable, destacando tanto la interpretación como el lirismo de la soprano Sasha Cooke en el papel de Marnie y del bajo-barítono Daniel Okulitch como Mark Rutland. Ambos exploran la complejidad de sus personajes dentro de una descripción fascinante de su conflictiva y problemática relación tanto a nivel actoral como vocal. Por otra parte, el contratenor James Laing bordó al personaje de Terry, el retorcido hermano de Mark, mientras que la veterana Lesley Garrett conseguía el protagonismo en un par de escenas como madre dominante del marido. Kathleen Wilkinson y Diana Montague desarrollaron papeles pequeños pero cruciales para la trama, como madre de la ladrona y su vecina Lucy, y Alasdair Elliott aprovechó las oportunidades que se le otorgaban como Strutt, el primer jefe estafado por la protagonista.
Esta producción era la primera en ser conducida por Martyn Brabbins desde su nombramiento como director musical de la compañía. En su debut no defraudó: mostró total autoridad y dirigió de manera soberbia a la orquesta, que realizó un excelente trabajo, lo mismo que el coro, que brindó fuerza a una obra que supone más una narración coral con sucesión de arias que una ópera en sí misma, convincentemente dirigida escénicamente por Michael Mayer. * Celia MAZA