Gran Teatre del Liceu
Monteverdi L’INCORONAZIONE DI POPPEA
Maite Beaumont, Sabina Puértolas, David DQ Lee, Luigi de Donato, Verónica Cangemi, Emilie Rose Bry, Filippo Mineccia, Krystian Adam, Francisco Fernández Rueda, Cyril Auvity. Dirección: Jean-Christophe Spinosi. V. de concierto, 1 de diciembre de 2017.
 
Sabina Puértolas, como Poppea © Gran Teatre del Liceu / Antoni Bofill 
El mundo que reflejan las óperas de Monteverdi mantiene aún muchas puertas cerradas y quienes dirigen la interpretación de las mismas han de plantearse varias opciones, tanto en la ordenación del material disponible como en el tratamiento sinfónico y vocal. El mérito de la versión de Jean-Christophe Spinosi en esta Incoronazione di Poppea, ópera pionera en dar el protagonismo a personajes históricos y no ya a semidioses o a figuras alegóricas, ha sido el de optar por la contención en el substrato orquestal y la rigurosa graduación de pausas y silencios. Todos los músicos del Ensemble Matheus han respirado al mismo tiempo siguiendo los gestos, siempre comedidos, de su mentor y las breves suspensiones del sonido, acordadas con las entradas y salidas de los personajes, han dado vida y substancia a una ejecución estilísticamente irreprochable.
El conjunto de solistas vocales, muy ajustado como tal y con los papeles de Arnalta y la Nutrice encomendados a dos tenores, estaba presidido por la figura imponente de Maite Beaumont, imperial en su gran escena con Ottone, y el Seneca de Luigi De Donato, una bella voz de bajo exenta de cavernosidades y soberbiamente impostada. Sabina Puértolas fue una Poppea bien fraseada aunque un tanto pálida en los pasajes agitados (“Per me guerreggia Amor”) y David Dong-Qyu Lee pareció un tanto excesivo en la gestión de los cambios de registro, aunque defendió su parte con buenos recursos técnicos. Verónica Cangemi cantó deliciosamente el papel de Drusilla, sobreponiéndose a un conato de afonía que no llegó a materializarse, mientras el Ottone de Filippo Mineccia fue servido con una gran distinción en el canto aunque con una voz de escaso volumen para una sala como la del Liceu. Muy bien Krystian Adam en las notas prolongadas de  “Oblivion soave” y muy expresivo Francisco Fernández Rueda en los distintos papeles a su cargo. Completaban el reparto la eufórica Emilie Rose Bry (Valletto, Amor y Pallade) y un Cyril Auvity un tanto anónimo como Mercurio. Los problemas del trillo toscano, cuando se presentaron, fueron resueltos por todos los intérpretes con resultados perfectamente plausibles.  * Marcelo CERVELLÓ