Ópera de Oviedo
Giordano ANDREA CHÉNIER
Jorge de León, Carlos Álvarez, Ainhoa Arteta, Mireia Pintó, Marina Rodríguez-Cusí, Francisco Crespo, David Oller. Dirección: Gianluca Marcianò. Dirección de escena: Alfonso Romero Mora. Teatro Campoamor, 7 de diciembre de 2017.
 
Carlos Álvarez, Jorge de León y Ainhoa Arteta, principales protagonistas de Andrea Chénier en el Campoamor © Ópera de Oviedo / Iván Martínez 
Hacía 17 años que no se representaba Andrea Chénier de Umberto Giordano en el Teatro Campoamor y el regreso del título no ha podido tener un resultado más feliz, con un elenco acertado en su conjunto y un trío protagonista de muchos quilates que consiguió una velada apoteósica que el público reconoció con rotundas ovaciones. Los tres cantantes principales son nombres muy vinculados al coliseo ovetense, en diferentes títulos tanto de la temporada de ópera como del Festival de Zarzuela. Hay, de partida, un gran aprecio hacia ellos por parte del público. Se vio, al inicio de la sesión, cuando por megafonía se anunció la afección catarral del barítono Carlos Álvarez, que, no obstante, cantó: la reacción inicial fue la de un aplauso cerrado por su iniciativa de seguir adelante. El intérprete malagueño lo hizo con entrega y magníficos resultados; su Carlo Gérard no se desdibujó en ningún momento y mantuvo su presencia vocal y escénica siempre en primer plano.
Debutaba como Maddalena de Coigny Ainhoa Arteta y fue el suyo un espectacular primer acercamiento al rol; tanto en la célebre aria “La mamma morta” como en los dúos estuvo espléndida, pletórica de recursos vocales, con una expresividad muy rica en la encarnación vocal y también en la escénica del mismo. A su lado, Jorge de León fue el gran triunfador con un Andrea Chénier impresionante, de un mordiente vocal aguerrido al que adjuntó una veta lírica conmovedora en los pasajes de mayor enjundia dramática. Es la suya una versión de Chénier impecable, de las que no dan tregua, en un crescendo continuo hasta el apoteósico dúo final.
La complicidad de todos ellos con el maestro Gianluca Marcianò fue clave; firmó una versión categórica de la obra, de gran fortaleza en las dinámicas orquestales, fluida en el desarrollo expositivo, consiguiendo un gran rendimiento de Oviedo Filarmonía, del coro y de los solistas en su conjunto. Magníficos, en este sentido, la totalidad de los cantantes que encarnaron el extenso elenco de secundarios.
En cuanto a la producción escénica, se trata de la ya conocida del Festival de Peralada y la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera. En ella Alfonso Romero Mora utiliza un escenario único que comienza siendo un palacio desvencijado y al final ese mismo espacio es la cárcel en la que se encuentran los enamorados. Es la suya una visión tradicional de la obra, dinámica, que narra bien el discurso dramático y que funciona en sus múltiples detalles en un teatro con escenario de reducidas dimensiones como es el Campoamor ovetense.  * Cosme MARINA